
Más del 30% de los uruguayos se considera pobre, según datos relevados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra, que alcanza al 31,3%, contrasta con el 16,6% de pobreza monetaria registrado en 2025 y con el 18,7% de pobreza multidimensional.
El dato fue mencionado por el actual director técnico del INE, Marcelo Bisogno, durante una actividad organizada por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Según explicó, la Encuesta Continua de Hogares incluye desde hace algunos años una pregunta sobre si las personas se sienten pobres, aunque ese indicador no suele difundirse junto con las mediciones oficiales de pobreza.
En diálogo con Romina Andrioli en En Perspectiva, el economista Diego Aboal —exdirector del INE e investigador senior de Cinve— señaló que el módulo sobre pobreza subjetiva comenzó a incorporarse durante su gestión, en 2022.
“Esto es simplemente la autopercepción de las personas”, explicó Aboal, y aclaró que se trata de “un concepto diferente al utilizado para medir la pobreza monetaria, que toma como referencia el ingreso de los hogares y el costo de una canasta básica de alimentos y otros productos”.
La pobreza multidimensional, en tanto, incorpora otras dimensiones de la vida de las personas, como las condiciones habitacionales, la educación y el acceso a determinados servicios. En ese sentido, una persona puede superar la línea de pobreza por ingresos, pero vivir en una vivienda precaria o enfrentar otras privaciones que la lleven a considerarse pobre.
Una percepción vinculada a la vulnerabilidad
Aboal sostuvo que casi seis de cada diez personas que se autoperciben pobres se encuentran dentro del 40% de menores ingresos de la población. Es decir, aunque no todas superan técnicamente la línea de pobreza, se trata mayoritariamente de personas ubicadas en los sectores de menores recursos.
“Es gente que está cercana de alguna forma a los menores ingresos, supera la línea, es capaz de comprar una canasta de productos alimenticios y de otros productos básicos, pero está abajo en la distribución del ingreso”, explicó.
El economista también señaló que hay personas ubicadas en los deciles medios de ingresos —e incluso algunas dentro del 10% de mayores ingresos— que se consideran pobres. Entre los grupos mencionados aparecen personas con ingresos relativamente bajos, trabajadores que deben hacer “malabares” para llegar a fin de mes y jubilados con pasividades reducidas.
Para Aboal, esa autopercepción puede expresar una sensación de vulnerabilidad: hogares que cuentan con ingresos estables, pero que viven con escaso margen ante cualquier aumento de precios, gasto imprevisto o pérdida de ingresos.
Un indicador útil para las políticas públicas
El exdirector del INE consideró que la pobreza subjetiva no debe sustituir a las mediciones monetarias o multidimensionales, sino complementarlas: “La pobreza subjetiva está mostrando que hay gente que puede superar esta línea básica, puede comprar una canasta básica de alimentos y algunos otros productos, pero que está en cierto nivel de precariedad”.
En su opinión, el dato debería ser tenido en cuenta al momento de diseñar políticas públicas. No alcanza, dijo, con atender únicamente a quienes están por debajo de la línea de pobreza: también es necesario fortalecer los ingresos, mejorar la calidad del empleo y avanzar en educación, vivienda y desarrollo del capital humano.
Aboal planteó que el problema excede a las políticas sociales y requiere una discusión más amplia sobre el crecimiento económico y los salarios. En particular, señaló que Uruguay necesita generar empleos de mayor calidad para que quienes hoy perciben ingresos de entre $25.000 y $35.000 puedan mejorar sustancialmente su situación.
“Acá necesitamos traccionar empleos de calidad, mejorar la educación y no perder niños en la pobreza”, dijo.
El economista concluyó que la diferencia entre la pobreza medida por ingresos y la pobreza subjetiva revela que existe un universo amplio de personas que, aun cuando no sean consideradas pobres según los criterios técnicos, viven en condiciones de fragilidad económica.















