

Antes del Mundial 2026, Argentina y Egipto se enfrentaron oficialmente solo una vez. Fue en las Olimpiadas de Ámsterdam de 1928 que ganó Uruguay.
Un tarascón a las pirámides
Por Homero Fernández
Martes 07.07.2026
Fue una goleada estrepitosa de los argentinos. 6 a 0 fue el resultado de la semifinal que eliminó a Egipto que venía de ganar 7 a 1 a Turquía y 2 a 1 a Portugal. Aquella paliza en forma de goleada fue responsabilidad de Domingo Tarascone, el delantero de Boca Juniors que conquistó tres anotaciones y luego el título de máximo artillero en el torneo organizado por la FIFA y que se llevaría Uruguay.
Las publicaciones de la época dicen que “Mingo” tenía fama de bromista y de ser un poco infantil. Aseguran que en el partido con los egipcios se acercó a ellos para saludarlos caballerosamente. La trampa que confesaría después era que se había untado las manos con polvo pica-pica que había dejado en el cuello de sus rivales.
En la cancha “Tarasca” era pura pólvora. En el Olímpico había empezado con cuatro goles, en el 11 a 2 a Estados Unidos, y seguido con otros cuatro ante Bélgica, en el 6 a 3. En la Argentina había roto todas las redes. “Yo hacía goles en todos lados”, dijo una vez recordando su carrera. Las estadísticas muestran que entre 1923 y 1931, registró 21 “hat-trick”.
En pleno auge de su fama en el fútbol amateur argentino vinieron a buscarlo del fútbol profesional de Inglaterra. Lo llevaron en auto con chofer a un lujoso hotel para presentarle la propuesta. Nunca había imaginado tanto dinero. Lo rechazó, según contó una vez, porque tenía cuatro hermanos y él era el hijo mimado de su madre y “no quería dejarla sola”.
A ”Tarasca” le gustaba la noche. No tanto el alcohol o el cigarrillo. Amaba la música de la noche porteña. Recorría los lugares donde las orquestas de tango hacían una delicia la llegada del amanecer. Su fama le dio el boleto para arrimarse a las grandes figuras: Carlos Gardel, Juan D’Arienzo, Osvaldo Fresedo.
El “Zorzal” grabó una canción que le acercaron, que con sentido del humor y picardía relaciona el arte de jugar al fútbol con el arte del amor. “Tarasca” el gran goleador, el que no quiso irse a Europa para no dejar sola a la madre, es parte de la letra de “Patadura”.
Y así lo cantaba Gardel:
Piantáte de la cancha, dejale el puesto a otro
de puro patadura estás siempre en orsay;
jamás cachás pelota, la vas de figurita
y no servís siquiera para patear un hand.
Querés jugar de forward y ser como Seoane
pa’ hacer como Tarasca de media cancha un gol.
(…)
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