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Fútbol para contar | Mundial FIFA 2026 | (Capítulo 48) La noche antes

La final de una copa del Mundo es un sueño alcanzan pocos. La víspera los equipos velan sus armas: confianza, compromiso y resistencia.

La noche antes

Por Homero Fernández

Sábado 18.07.2026

Al otro día llegará el día en que se abrirá el cielo. Para subir a la gloria o para caer en el negro vacío. No hay medianía. Es como una pelea en el Coliseo romano. Solo uno quedará vivo.

Para llegar allí, hubo también otras batallas de victoria o muerte. El torneo te va endureciendo la piel, fortaleciendo la esperanza en base a derrotar la angustia del último minuto, del gol en contra, de la injusticia del árbitro, del alargue interminable o de la tanda de penales, esa que siempre humilla a más de uno.

Llega la final del Mundial y los jugadores saben para lo que se prepararon: acertar más, errar menos y no claudicar jamás.
La noche antes todo el séquito que rodea a los protagonistas intenta mantenerlos relajados, alejados de la duda, de que no inventen jugadas magistrales en sus cabezas de esas que no bajarán nunca a la cancha.

Que haya tranquilidad y sobre todo confianza en sus propias virtudes y en la fuerza que consolida la unión del equipo.
El entrenador es quien mantiene laboriosamente la tensión y la firmeza de esa telaraña. Por eso, debe ser el primero en cultivar el equilibrio.

Luis Felipe Scolari, el director técnico de Brasil en la final del Mundial de 2002 recuerda esos momentos claves en los que su firmeza empezaba a claudicar.

“Aquella noche yo estaba muy inquieto, nervioso, tenía miedo de que las cosas no salieran bien. Me di una vuelta por donde estaban reunidos los jugadores pasando el tiempo antes de irse a dormir. Hablé con ellos. Intenté alguna broma. Los vi tan tranquilos y confiados. Vi en sus rostros la alegría. Entonces, con eso me fui a acostar en calma”.

Así que cuando llega el día con todo el estrés de cada detalle controlado, del que acarrea la designación del equipo, de los últimos ajustes técnicos y motivacionales, la magia del escapista se inicia en el instante en que el árbitro hace sonar el silbato.

La pelota rueda y empieza el partido que va en serio, el que cambia o el que confirma lo de la noche anterior. Jugadores y técnicos, saben que vale pena arriesgar porque vale una copa, la de la gloria que está reservada para uno solo que se levantará triunfante sobre una montaña de hermosas banderas derrotadas. 

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