

El 12 de agosto murió en Pekín, a los noventa y siete años, un hombre al que casi nadie recuerda fuera de China y sin el cual el mundo que tenemos no existiría: Zhu Rongji, el primer ministro que negoció la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio. Cuatro semanas antes de su muerte, el Pew Research Center había publicado el resultado de una encuesta hecha a más de cuarenta y dos mil personas en treinta y seis países, y el titular era éste: en la mayoría de esos países, China tiene hoy mejor imagen que Estados Unidos, y Xi Jinping mejor imagen que Donald Trump.
Y este último fin de semana, en Nueva Delhi, Xi pisó suelo indio por primera vez en siete años para la cumbre de los BRICS, y habló ante los países que reúnen a la mitad de la población del planeta. De eso trata este programa. No de si China es buena o mala, sino de una pregunta más incómoda: cómo llegó a ganar una batalla de percepción que Estados Unidos venía ganando desde hacía ochenta años, qué parte de esa victoria es mérito propio y qué parte es abandono ajeno, y quién le va a tomar el examen que todavía no rindió.

























