
El apretón de manos entre Washington y Teherán resuelve, por ahora, el frente militar. Pero diez meses de bloqueo y amenazas en el estrecho de Ormuz ya reordenaron una cadena de suministro que casi nadie mira hasta que falta: la de los fertilizantes.
Por ese corredor circula cerca de la mitad del azufre y un tercio de la urea que el mundo necesita para sembrar, y desde fines de febrero sus precios subieron entre 35 y 85 por ciento según el insumo. La factura no la paga el golfo Pérsico: la pagan Sri Lanka, Malawi, Sudáfrica, Tailandia o la India, los países más dependientes de ese fertilizante para sus cosechas.
Con las reservas mundiales de maíz, trigo, soja y arroz ya por debajo del promedio de la última década, la pregunta que importa no es si Ormuz reabre, sino cuánto tarda la cadena agrícola global en descongelarse después de meses de pozos cerrados y petroleros amontonados frente a la isla de Kharg.





















