
Hay un equipo olímpico que compite sin nombre propio, sin bandera y sin himno. Es el de una isla de 23 millones de habitantes de la que depende buena parte de la economía mundial, y que solo doce Estados reconocen.
Segunda parte de la serie sobre Taiwán, con el investigador José Antonio Saravia desde Taipéi.
Durante décadas, dos gobiernos separados por cien kilómetros de mar sostuvieron que cada uno era el único gobierno legítimo de toda China. Los dos tenían ejército, bandera y embajadas. Y el mundo tuvo que elegir. En 1971 eligió.
De la Guerra Fría en el estrecho a la Taiwán de hoy: cómo se resolvió esa competencia, quién apoyó a quién y a qué precio, y sobre todo cómo una isla que se pensaba china pasó, en treinta años, a que el 63% de su población se declare exclusivamente taiwanesa.
Con una pregunta final que nos toca de cerca: qué debería aprender un país pequeño y periférico cuando la soberanía vuelve a discutirse entre potencias y por encima de su cabeza.















