EnPerspectiva.uy

Entrevista central, martes 12 de diciembre: Jorge Grünberg

Facebook Twitter Whatsapp Telegram

EC —¿Cuáles?

JG —Todos los países están compitiendo hoy en día por atraer inversiones de alta tecnología. China hoy recibe un tercio de las inversiones de alta tecnología en el mundo. Cuando Microsoft quiere abrir un centro de investigación lo abre en Pekín o en Shanghái, porque hay una política china a la que no le interesa hoy en día abrir la empresa número 100 de armado de autos, ahora le interesa que las inversiones sean para desarrollar comercio electrónico, productos de inteligencia artificial, desarrollos biotecnológicos, centros de diseño.

Uno de los ejemplos más interesantes que conozco es la planta de Intel en Israel. En la década del 80 Intel le ofreció al gobierno de Israel algo muy parecido a lo de UPM, que fue hacer una inversión si el gobierno de Israel ponía US$ 600 millones, en el orden de lo que va a poner Uruguay, para poner una planta de chips donde el diablo perdió el zapato, muy lejos, en el medio del desierto del Negev. Fue muy discutido en Israel, como está pasando hoy acá, en aquel momento dijeron que una planta de chips no es lo mismo que una planta industrial común, que iba a servir para desarrollar el conocimiento en Israel.

Y efectivamente, en ese momento se hizo un gran esfuerzo por atraer esa inversión. Con el paso de los años se piensa que esa primera inversión, que desencadenó los procesos de derrame de conocimiento en Israel, es una de las bases por las cuales hoy Israel es un productor de conocimiento y uno de los primeros exportadores a nivel mundial de tecnología. Es más –este es el ejemplo al que me refería–, el chip Centrino, que es uno de los más importantes que tuvo la empresa a lo largo de los años, fue desarrollado en Israel. Y uno de los productos más importantes de Google hoy, Waze, fue desarrollado en Israel.

Todo eso porque estas empresas se instalaron, pero el gobierno, en diálogo con las empresas, negocia exoneraciones fiscales, facilidades de instalación, de copyright, propiedad intelectual y demás, y propicia una colaboración, porque cuando el gobierno de Israel o el de Singapur, que ha hecho lo mismo, propicia inversiones extranjeras, de entrada hace un diálogo entre las universidades locales, los centros de investigación locales, ya con las empresas, y las empresas instalan sus centros de investigación y desarrollo incluso dentro de las universidades.

Hoy en la Universidad Tecnológica de Singapur o en el Technion en Haifa o por supuesto en Corea, uno va a encontrar centros de investigación de empresas extranjeras en los propios campus de las universidades de esos países. Se crea una simbiosis en la cual la inversión extranjera beneficia al inversor extranjero, porque va a tener una cantidad de elementos que le van a servir, que él juzgó que le van a servir, pero además a lo largo de los años se acumula una creación de conocimiento local. Con una pequeña fracción de lo que piensa invertir UPM en Uruguay podríamos revolucionar la creación de conocimiento.

EC —El número que tú propones concretamente es un décimo de los US$ 4.000 millones.

JG —Exacto, la ANII es el principal instrumento de financiamiento de la creación de conocimiento en Uruguay, y uno de los grandes aportes en los últimos años en el país. Su presupuesto es de US$ 40 millones por año, y acá estamos hablando de una inversión de US$ 4.000 millones. Si 10 % de esa inversión se ejecutara a través de un fondo de desarrollo de conocimiento uruguayo vinculado, que beneficie a la empresa –no estoy hablando de que haga una contribución caritativa–, que financie, que le permita a la empresa obtener innovaciones locales para su propia producción, que después use a nivel mundial, estaríamos revolucionando. Son 10 años de presupuesto de la ANII.

EC —¿Cuál es el resumen? ¿Que el gobierno se quedó corto en la negociación? ¿Corto en los números y corto en el concepto de la negociación?

JG —Más que con los números, yo discrepo con la visión que se tiene de este tipo de inversiones. Creo que hay que estar de acuerdo en que Uruguay tiene un solo camino hacia delante, porque hemos pasado a ser un país de ingresos medios gracias a un boom de exportaciones, pero eso no es sostenible. Entonces si no transformamos nuestra producción y nos transformamos en un país productor de conocimiento, en un país que produce bienes y servicios con alto conocimiento de tecnología, vamos a volver para atrás. Es lo que les ha pasado a la mayor parte de los países. Las estadísticas de los países emergentes muestran que muchos llegaron a la clase media, pero luego volvieron a bajar.

Entonces nuestro único camino hacia delante, porque no queremos bajar los sueldos, no queremos transformarnos otra vez en un país que produce camisetas porque son muy baratas, sino que queremos producir muebles en lugar de madera, por ejemplo. Ser Ikea creado en Uruguay, por dar un ejemplo. Si en vez de importar todos los productos agroindustriales queremos tener una industria biotecnológica nacional, hay un solo camino hacia delante. Entonces resolver la visión uruguaya de ser un país abierto al mundo, jugarse a la producción de conocimiento, a la formación, esas son las inversiones que tenemos que hacer. Laboratorios de investigación, liceos de alta calidad, fortalecer a la ANII. Esa va a ser la manera de brindar equidad a todos los ciudadanos en el futuro, de acceder a oportunidades.

Por eso cuando queremos atraer proyectos de inversión tenemos que buscar proyectos que sean coherentes con esta visión, no proyectos de inversión como este, que por la manera como está definido icónicamente mira al siglo pasado, a vías férreas, a puertos, a producción industrial. Parece que estuviéramos leyendo Germinal de vuelta. Parce que estuviéramos pensando otra vez en los ingleses creando las vías férreas.

Comentarios