
EC —Hasta hoy, son seis los periodistas asesinados en este año 2017. Más de uno por mes. En ningún caso se ha dado con los culpables todavía. De hecho, organizaciones internacionales denuncian que la mayoría del centenar de homicidios de periodistas que han ocurrido en México desde 2000 no están resueltos y que en los casos que sí se han aclarado solamente se ha procesado al autor material del hecho, no a los promotores. ¿Por qué crees que ocurre eso?
AA —El problema es que las instituciones en México están muy corrompidas. Cuando asesinan a un periodista y la autoridad dice que va a investigar, es investigarse a sí misma. Se perdió todo pudor de esa línea entre el narco y la autoridad, nos mostraron que son lo mismo, que son siameses, que son hijos de lo mismo. Entonces cuando levantamos la voz nos dicen que sí, que van a investigar, y cada asesinato es una comisión especial, y esa comisión especial termina con otra comisión especial para analizar la otra comisión especial. Muy absurdo.
Tres, cuatro días antes de que pasara lo de Javier, en el estado de Guerrero, que también es un lugar muy muy peligroso, a seis compañeros que fueron a la zona –una zona de conflicto, donde se siembra mucho la amapola, la flor que da la heroína– los agarraron, les quitaron el equipo y los golpearon. No los asesinaron, a veces uno cree que sí existe Dios y qué bueno que no los asesinaron. Pero antes de lo de Javier estábamos hablando de lo de Sergio Ocampo y compañía. Eso fue el lunes, estamos ya en viernes, y no sé si en sábado o domingo vamos a estar hablando de Fulanito de Tal. Pues las autoridades mexicanas no son confiables.
EC —El miércoles, el presidente Enrique Peña Nieto se comprometió a fortalecer y ampliar los mecanismos para garantizar la seguridad de los periodistas y a combatir la impunidad. Lo escuchamos.
(Audio Enrique Peña Nieto)
Lucharé hasta el último día de mi mandato a fin de fortalecer las condiciones para el ejercicio pleno del periodismo profesional, riguroso y valiente que México necesita.
(Fin audio)
EC —¿Cómo reaccionaste ante este compromiso que asumió el presidente Peña Nieto?
AA —Es una broma, es un fiasco lo que está proponiendo el presidente. Cada vez que ha ocurrido algo en México –el asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la ejecución de civiles en Tlatlaya, en Tanhuato–, cada vez que pasa algo así y que sacude a su gobierno, Peña Nieto dice que va hasta el último día de su mandato va a hacer algo. No le creemos, entre nosotros decimos “no hay nada por hacer con Peña Nieto”. Además ha citado a los gobernadores que la mayoría de los periodistas culpamos o señalamos en muchos de los asesinatos de periodistas. Entonces no podemos confiar.
EC —¿Tan así es la cosa? ¿La mayoría de los gobernadores son para ustedes responsables de asesinatos de periodistas?
AA —Sí, claro, hemos acusado a muchos de los gobernadores en este país. Hay una foto que circuló en redes hace quizás un par de meses en la que está Peña Nieto, el presidente, con los 32 gobernadores –31, más el jefe de Gobierno, que gobierna en la ciudad de México–. La gente que hace memes y estas cosas de internet fue señalando a los gobernadores que hoy están siendo acusados de corrupción, otros que están prófugos, otros que están en la cárcel, y de los 32 que estaban ahí se salvaban uno o dos. Y creo que hoy ya no se salvan ni esos uno o dos. Es terrible, te das cuenta de que la clase política que nos está gobernando ya ha rebasado los límites de la impunidad. Creo que antes había un poco más de pudor, se escondían; siempre fueron corruptos, pero de alguna manera maquillaban o escondían esa parte. Hoy ya no la esconden.
Imagina que un expresidente que organizó la guerra contra el narco –que para nosotros fue básicamente una guerra por el control del narco, que en su conciencia debe tener estos miles de muertos– hoy se la pasa tuiteando y acusando a uno de los gobernadores de que cuando él era presidente ese era cómplice de tal cártel, y aquel gobernador le responde “no, el que era cómplice del cártel eras tú”.
EC —¿A qué presidente estás aludiendo?
AA —A Felipe Calderón.
EC —Justamente, en México la guerra contra el narcotráfico fue declarada en 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón, que pertenece al PAN (Partido de Acción Nacional), y fue mantenida después por el actual presidente, Enrique Peña Nieto, del PRI (Partido Revolucionario Institucional). Entonces, pensando en salidas, en soluciones, ¿un cambio de partidos en el gobierno puede hacer la diferencia?
AA —No lo sé. Desgraciadamente ya estamos tan desanimados, tan decepcionados que la fe se nos ha caído. Pero ahorita también es un momento importante en la vida de México, porque en el estado de México –así se llama, es un estado de México–, que ha sido durante casi 90 años el feudo del grupo Atlacomulco, que aquí es muy famoso –a ese grupo pertenece Peña Nieto, es un grupo que durante 90 años se ha estado pasando el poder–, dentro de 15 días hay elecciones. En esas elecciones está compitiendo el primo de Peña Nieto, Alfredo del Mazo, obviamente por el partido oficial, el PRI, hay otros tres, cuatro candidatos, pero la candidata fenómeno del estado de México en este momento es Delfina Gómez, una maestra de primaria que hace cinco años estaba dando clases y hoy está poniendo en jaque no solamente al PRI de Atlacomulco, sino al régimen mexicano, es decir, al neoliberalismo, y le está abriendo el hueco a alguien que ha querido ser presidente los últimos 12 años, que se llama Andrés Manuel López Obrador.
Hoy Andrés Manuel López Obrador está arriba en las encuestas, si hoy fueran las elecciones en México ganaría con la mano en la cintura, pero para llegar a eso todavía falta casi un año. Pero ahorita están las elecciones en el gobierno del estado de México y quien está arriba es la candidata de Andrés Manuel López Obrador, llamada Delfina Gómez. Y ahí hay un quiebre de régimen. A lo mejor me estoy desviando del tema central, pero es un momento importante en la vida pública, en la vida política del país y todo ahorita está muy revuelto.









