Política, religión, evangelistas

A propósito de la creciente injerencia de las iglesias en la política, y específicamente de la entrevista con el presbítero Hugo Armand Pilón, representante de la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay, desde la audiencia Emanuel Seropián Dive responde a los cuestionamientos formulados a los «fundamentalistas» y otras corrientes del cristianismo.


El pasado 18 de octubre del corriente año, la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU) emitió un comunicado desmarcándose de los legisladores y dirigentes políticos que se presentan como miembros de cultos evangélicos, lamentándose de que en forma indistinta, se difunden por la prensa y las redes términos tales como “cristianos”, “iglesia”, “evangélicos”, sin especificar nombres ni denominaciones o características y diferencias que dentro del amplio espectro que cada palabra comprende, suelen ser muchas y frecuentemente muy contrastante.

En entrevista con ustedes, el pasado 7 de noviembre, el Pr. Hugo Armand Pilón, presidente de la mencionada federación, explicó con claridad cuáles son las dos grandes corrientes de pensamiento dentro del protestantismo que surgen a partir del siglo XX, cuando un grupo de iglesias afirma que hay ciertas verdades fundamentales que no deberían cuestionarse, mientras que otras creen que pueden realizar un abordaje crítico de todo el texto bíblico sin considerar axioma alguno. A los primeros se les llamó fundamentalistas, y a los segundos ecuménicos.

Aquí cabe aclarar que el término “fundamentalistas” no refiere a fanatismo sino a identificar a este grupo de iglesias como aquellas que tienen ciertos conceptos que consideran fundamentales, indiscutibles, base sobre la cual se funda toda la fe. La FIEU es, precisamente, la representativa de los ecuménicos. Luego, las demás iglesias evangélicas (pentecostales, bautistas, etc.) son fundamentalistas.

El Pr. Armand Pilón es pastor de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata, una de las iglesias más antiguas, incluso anterior a la reforma luterana. Hija de la obra de Pedro Valdo, un francés pionero en la causa de que todos los creyentes tuviesen acceso a las Sagradas Escrituras. Sin la obra de precursora de Valdo, Wyclif, Hus y otros, difícilmente Lutero, Zuinglio, Calvino, o Arminio hubiesen realizado su labor. Es decir, todos los hijos de la protesta le debemos un tributo de agradecimiento a Valdo y, por ende, a quienes continúan su obra hasta hoy.

Dentro de este contexto de reconocimiento a la obra histórica de las iglesias hoy representadas por la FIEU, lo que no parece lógico es que éstas pretendan arrogarse para sí mismas la exclusividad del término “evangélico”, “cristiano”, o “iglesia”. Tanto los ecuménicos como los fundamentalistas somos cristianos, evangélicos y nos congregamos en iglesias. No podemos pretender que por discrepancias, de la índole que sea, resulte aceptable exigir a los otros el cese del uso de alguno de estos términos. Mal que le pese a la FIEU, los pentecostales y los bautistas también somos evangélicos.

No solamente no es lógica, ni fraterna, sino que tampoco es recíproca la actitud de la FIEU. Las iglesias de la FIEU han tenido posturas poco menos que escandalosas acerca de temas de actualidad, como ser la agenda de derechos para el colectivo LGTB o la despenalización del aborto, y no se ha visto a ninguna iglesia fundamentalista u organización que las aglutine saliendo a desmarcarse de los ecuménicos o exigiéndoles que no usen tal o cual término.

La Iglesia Evangélica Metodista ha cedido sus altares para que un “coro de hombres gay” cantaran villancicos de navidad. Tal acto sería considerado como de casi profanación por parte de los evangélicos fundamentalistas (y digo casi para dejar abierto un mínimo margen de discusión). Sin embargo, no se ha visto, reitero, a ninguna iglesia fundamentalista u organización que las aglutine, exigiéndole a la Iglesia Metodista que deje de llamarse a sí misma “evangélica”.

Es muy respetable, aunque quizás no tan compartible, la postura de las iglesias de la FIEU en cuanto a la participación ciudadana en política y en cuanto a los temas polémicos que se citaron ut supra. Pero eso no da derecho a los ecuménicos a decirle a los fundamentalistas cómo deben proceder o pensar.

Personalmente, le recomendaría al Pr. Armand Pilón, a las iglesias de la FIEU y a sus miembros que reflexionen profundamente en lo que Pablo le escribe a los tesalonicenses en la primera epístola que les escribió, cuando dijo: “Procuren vivir tranquilos y ocupados en sus propios asuntos” (cap. 4, vs. 11).

El comunicado de la FIEU termina diciendo “No todos los que me dicen: ‘Señor, Señor’, entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial”. ¿Le parece a la FIEU que la voluntad del Padre es que una agrupación de hombres que en sus fueros íntimos practican la sexualidad de una manera que las Sagradas Escrituras indican que es pecaminosa y pervertida, se suban a los altares desde donde se supone que se le rinde culto a Él para cantar villancicos navideños? Pues bien, ahí tienen un asunto bien propio de ustedes en el cual ocuparse y dejar a los demás evangélicos (que lo son, aunque no les guste) que se ocupen de los suyos.

Emanuel Seropián Dive
Vía correo electrónico


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Jorge García Ramón

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2 Comentarios

  • Sinceramente, entiendo que los temas relacionados con las creencias religiosas deberían ser tratados por quienes las profesan en los ámbitos naturales de su accionar. Y sería bueno que lo hicieran a ver si se pueden poner de acuerdo sobre temas de tanta complejidad y evitar esa manera la profusión de promotores y en algunos sitios del planeta, la violencia desatada e inhumana.
    No me parece adecuado analizar temas que interesan solamente a quienes profesan dichas creencias en un espacio disponible para quienes las profesan y quienes no las profesan. Por lo que me abstengo de comentar con relación a lo que se expresa al respecto.
    Lo que sí me interesa analizar es la participación de personas pertenecientes a las jerarquías de los diferentes cultos religiosos existentes no como ciudadanos comunes y corrientes sino como representantes de esos colectivos. Llevada esa participación a límites extremos, nos encontraríamos con un Parlamento compuesto por tantos católicos, tantos evangélicos, tantos musulmanes, tantos creyentes en Yemanjá, etc. cuyas diferencias esenciales se refieren al origen de nuestro planeta y de sus habitantes (reino animal, vegetal, mineral, etc.) y al destino ulterior a la muerte de sus habitantes dotados de inteligencia superior.
    Esos colectivos agrupan a personas por coincidir en sus creencias y no en como gobernar un país o un departamento o una alcaldía. Es muy posible que los integrantes de una misma colectividad religiosa tengan muy diferentes opiniones con respecto a las políticas económicas y las políticas sociales que son apropiadas para el país en una determinada época. Si ello fuera así y es muy probable que lo fuera, al momento de tomar decisiones, los parlamentarios tendrían que considerar lo que piensan los compañeros del colectivo religioso y lo que piensan los compañeros en materia de ideas políticas (economía, sociedad, erc. Es innegable que el trabajo parlamentario sería muy complicado. También sería complicado el trabajo en el Gabinete del Poder Ejecutivo si estuvieran en él representadas muchas colectividades religiosas.
    En atención a lo expresado, entiendo absolutamente fuera de lugar que las personas se embanderen con creencias religiosas para actuar en los partidos políticos. Hace muchos años existía la Unión Cívica que tradicionalmente había sido considerada integrada por gente católica. Pero creo que si existe todavía, tiene muy poca incidencia en el panorama político.
    Entonces, creo que lo más conveniente es que quienes actúan en las colectividades religiosas traten de defender sus posiciones fuera de los Poderes del Estado. De esa manera en éstos, podemos incidir todos los ciudadanos independientemente de la creencia religiosa que se tenga si se tiene alguna.
    Ni siquiera quise referirme a la posibilidad de que algunos partidos políticos reciban aportes económicos atados a la inclusión de representantes de los colectivos religiosos. Existen indicios de que algo de eso podría haber ocurrido en nuestro país en 2014. Espero que no se extienda esa práctica.

    • Diego, muy agradecido por tu comentario.
      En primer lugar, pienso que cualquier ciudadano tiene el derecho de aspirar a una carrera política, sin importar su grado de involucramiento en cualquier otra organización (sea religiosa o no).
      En una democracia, el parlamentario responde a sus votantes, y solamente representa legítimamente a estos. En concreto, ¿qué estoy queriendo decir? Qué un diputado pastor no representa en el parlamento a sus feligreses, sino a sus votantes.
      Respeto tu posición pero no comparto que lo más conveniente sería que quienes actúan en las colectividades religiosas traten de defender sus posiciones fuera de los Poderes del Estado. Si somos ciudadanos y cumplimos con los requisitos de elegibilidad, nada nos puede impedir ser electos, si la voluntad del cuerpo elector nos acompaña.
      Pero hay un detalle que, insisto, me parece neurálgico, y aquí es donde sí creo tener un punto de contacto con tu opinión. La participación de personas pertenecientes a las jerarquías de los diferentes cultos religiosos existentes DEBE SER EN SU CALIDAD DE ciudadanos comunes y corrientes Y NO como representantes de esos colectivos, y creo que hasta ahora viene funcionando así, sin inconvenientes.
      Sobre la primera parte de tu comentario, tampoco comparto que pretendas definir cuál es el ámbito donde se deben discutir tal o cual temática.
      Precisamente, quienes somos seguidores de En Perspectiva valoramos la amplitud y diversidad de temas tratados, así como de los enfoques respectivos, y la pluralidad de las personas invitadas a debatir.
      Saludos.

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