La audiencia opina…

Preguntas sobre la Comisión Nacional de Bioética

En Uruguay, ¿Vivimos en el mundo del revés?

Sobre la interrogante, cabe analizar cómo procesamos las decisiones políticas nacionales. Y al hacerlo resulta inevitable evocar a María Elena Walsh y su "El reino del Revés". 

"Me dijeron que en el Reino del Revés

Nada el pájaro y vuela el pez

Que los gatos no hacen miau y dicen yes

Porque estudian mucho inglés.

Me dijeron que en el Reino del Revés

Nadie baila con los pies

Que un ladrón es vigilante y otro es juez

Y que dos y dos son tres."

El viernes pasado, 7/8/2026, en la tertulia de "En perspectiva" de Radio Mundo a cargo de Emiliano Cotelo y Romina Andrioli, se trató el tema de crear el Comité Nacional de Bioética. Destacó la intervención de la Dra. Mariana Blengio con su vasta experiencia del tema. El motivo fue que el día anterior venció el plazo para conformar la lista de candidatos auto postulados. De ella se preseleccionará un grupo en base a requisitos teóricos y luego la Asamblea General Legislativa se reunirá el 19 de Octubre -Día Internacional de la Bioética (BE)- y votará la integración final reducida del nuevo Comité Nacional.

El Comité será independiente, plural, interdisciplinario y contemplará lo territorial. El objeto serán los dilemas históricos bioéticos de la Salud, la Naturaleza, el Medio Ambiente y los procesos de Investigación que se detectaron en la segunda mitad del Siglo XX. Ellos fueron la razón que dió nacimiento a la BE. Los primeros respiradores en plena epidemia de poliomielitis en 1950, el inicio de los Centros de Tratamiento Intensivo con apoyos instrumentales y muchos otros hasta hoy con las variantes disruptivas de las inteligencias artificiales, IA y sus sucedáneos.

La Bioética en el Río de la Plata "aterrizó" a fines de los ´80 del siglo pasado con la ELABE, Escuela Latino Americana de BE en La Plata, Argentina. Fue en el ámbito de la Fundación Mainetti y el COE, Centro Oncológico de Excelencia, a dónde concurrió la primera becaria de Uruguay, la Dra. Teresa Rotondo. 

Si algo surge en las décadas pasadas hasta hoy es la perentoria necesidad de atar cabos. Referido a los planteos teóricos y la concurrencia práctica de lo que se aspira a ser, hacer, tener y lograr. En ese sentido cabe una mención especialísima a René Favaloro, discípulo de José María Mainetti (Pepe) y padre, a su vez, de José Alberto Mainetti, que fue a Barcelona a especializarse en oncología y volvió con un doctorado de Filosofía y Bioética en la escuela de Laín Entralgo. Favaloro fue, de forma cotidiana y persistente, un ejemplo cabal de efectiva praxis BE. La encarnó como un mandato inalienable ante las impúdicas omisiones de un Estado decadente que ambientó el ascenso de un corporativismo sin límites éticos.

La BE tiene cuatro pilares básicos. Autonomía del ciudadano, paciente de procesos sanitarios que discurren a lo largo de la vida. Beneficencia, hacer el bien, lo que lleva al conocimiento histórico del proceso y permite inferir si será exitoso o no. La No Maleficencia, evitar los posibles daños concurrentes. Justicia, que incluye el dilema de la distribución de recursos finitos.

No es casualidad que al mentado "costo beneficio" de hoy, el mundo desarrollado le agregue la calidad, la ética y la activa participación ciudadana. O se atiende el conjunto armónico o se fracasa. Así de simple y así de complejo.

 Volvamos a la pregunta inicial, ¿En Uruguay, vivimos en el mundo del revés?

La primera duda es si se tiene clara la relación de la Ética, los Derechos Humanos y la Bioética. Y por supuesto otras formas interrelacionadas, i.e. Moral, Deontología, etc. Tema esencialmente teórico.

La segunda duda va a lo práctico. Sobreviene al delegarle a la Asamblea General Legislativa – máximo exponente del mandato soberano – que en democracia le otorgamos a sus 129 miembros. ¿Qué se le delega? Que fundamenten de por qué y para qué eligen los miembros del Comité Nacional de Bioética. O sea que les reconocemos, de forma tácita, su capacidad y ecuanimidad para tan difícil tarea. Y aquí surge un chisporroteo que corta todo el circuito, no eléctrico sino ético.

¿Por qué otorgarle a un cuerpo que no ha sido capaz de abordar el tema de la ética partidaria a que se entrometa en áreas que le son ajenas? Podría ser porque antes se miraron al espejo y resolvieron sus múltiples dilemas, problemas y embrollos. Experticia. Pero no, nada de eso sucedió.

Volvamos a la letra de la canción. Vivimos de apariencias. Mera hipocresía.

El problema es conceptual, cultural e idiosincrático. También semántico y epistemológico al confundir ética con estética; resultamos patéticos.

¡Con tan poco podríamos lograr tanto! Cuestión de sentido común previa lectura del pensamiento complejo de Edgar Morin. Que debiera ser requisito previo al acceso a las bancas. Alfabetismo parlamentario básico.

Insumos para abordar una Ley de Ética de Política Partidaria hay a raudales. Todos los partidos los han estudiado y promovido en reiteradas ocasiones. Sólo falta voluntad, consenso y votar. Lo que Uruguay evita inconscientemente lustro a lustro.

Nuestros 129 mandatados podrían acordar una Ley de Partidos el 18 de octubre y, en tal caso, les reconoceríamos las credenciales básicas para que, en la sesión del 19 de octubre, voten a conciencia la integración del Comité Nacional de BE. Por aquello de que la caridad, la calidad y/o la ética comienzan por casa. Sí, por el Parlamento.

Dejariamos de ser tan enrevesados. Seríamos más dignos. Más éticos. Más plenos y menos planos.

Gonzalo Pou

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