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Apuntes | Socios con el enemigo: ¿Por qué Emiratos Árabes Unidos abandonó la OPEP tras 59 años?

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En Perspectiva · Apuntes – Socios con el enemigo: Por qué Emiratos Árabes Unidos abandonó la OPEP tras 59 años

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Por Emiliano Cotelo


¿Cuánto tiempo puede un país compartir organización con otro Estado que lo está bombardeando?

Los Emiratos Árabes Unidos encontraron su respuesta el martes 28 de abril: dos meses. Eso fue lo que aguantaron antes de anunciar su salida de la OPEP, con efecto inmediato desde el viernes 1° de mayo. 59 años de membresía. Una declaración que habló de "interés nacional". Y ni una llamada previa a Arabia Saudita.

La OPEP es la Organización de Países Exportadores de Petróleo, fundada en Bagdad en 1960 y con sede en Viena. Ultimamente agrupaba a 12 naciones que en conjunto controlan cerca del 30 % de la producción mundial de crudo. Su mecanismo central es sencillo: los miembros acuerdan cuotas de producción para regular la oferta y, con ella, influir en el precio internacional del petróleo. A través del marco ampliado conocido como OPEP+, que incorpora a Rusia y otros productores, la institución representa al 41 % de la producción. Durante décadas, esa capacidad de coordinación convirtió a la organización en uno de los actores más poderosos de la economía global.

La grieta que venía de antes

Para entender lo que pasó hay que retroceder al menos una década. Los Emiratos y Arabia Saudita parecían inseparables: aliados en la guerra de Yemen desde 2015, pilares conjuntos del mundo árabe sunita, socios en el manejo de la OPEP. Pero esa alianza fue erosionándose. Primero llegaron las diferencias sobre Yemen: la coalición que habían construido juntos se quebró cuando Arabia Saudita bombardeó lo que describió como un cargamento de armas destinado a separatistas yemeníes apoyados por Abu Dabi. Después vinieron las rivalidades por influencia regional en el Mar Rojo y en África, donde ambos países fueron construyendo esferas de interés propias, no siempre complementarias.

Dentro de la OPEP, la tensión tenía un nombre concreto: las cuotas de producción. Los Emiratos habían invertido miles de millones de dólares para aumentar su capacidad de producción de 3 a 5 millones de barriles diarios de cara a 2027. Pero el sistema de la OPEP los mantenía encorsetados: con una capacidad instalada de 4,8 millones de barriles por día, su cuota acordada los limitaba a producir 3,2 millones. Esa diferencia no era un detalle técnico: eran ingresos que Abu Dabi veía evaporarse cada mes por respetar unas reglas que sentía cada vez menos propias.

Un analista de Rystad Energy lo formuló con precisión: esperar tu turno dentro de un sistema de cuotas empieza a parecerse a dejar dinero sobre la mesa.

Y entonces llegó la guerra

Lo que venía gestándose en cámara lenta se precipitó con el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero. Para los Emiratos, el conflicto no fue una crisis lejana: fue una crisis propia. Debido a que es uno de los países de la región que tienen bases militares norteamericanas en su territorio, Irán los atacó con misiles y drones durante semanas. Y, al mismo tiempo, el cierre del Estrecho de Ormuz amenazó los cimientos mismos de su economía.

La geometría se volvió insostenible: Irán era al mismo tiempo el país que los bombardeaba y un miembro de la OPEP. Los Emiratos se encontraron compartiendo organización petrolera con su agresor.

El ministro de Energía de los Emiratos, Suhail Al Mazrouei, fue la única voz oficial que habló ese martes. En declaraciones a la cadena CNBC dijo que la salida era el resultado de una revisión larga y cuidadosa, que el mundo está subabastecido de energía, y que salir en ese momento —con el Estrecho de Hormuz bloqueado— era precisamente lo que causaría menos daño a sus socios dentro de la organización.

La guerra también aceleró otra tendencia que venía de 2020: Abu Dabi fue el primer país árabe en normalizar relaciones con Israel a través de los Acuerdos de Abraham, y ve ese vínculo como una palanca crítica de influencia regional y un canal único de acceso a Washington. En plena guerra contra Irán, esa apuesta adquirió una urgencia existencial. Salir de la OPEP era, también, una señal de alineamiento.

Qué pierde la OPEP

Arabia Saudita no tardó en reaccionar, aunque eligió hacerlo a través de un ex funcionario antes que de manera oficial. Mohammad al-Sabban, durante años el principal asesor petrolero del reino, dijo en Al Jazeera que la salida no representaba ningún golpe serio y que detrás de la decisión había influencia occidental. Pero los analistas de mercado leen el episodio de otra manera.

Para ellos, la pérdida más concreta no es política sino técnica. Los Emiratos eran uno de los dos únicos miembros —junto con Arabia Saudita— con capacidad de reserva real: ese colchón de producción que se activa rápido para estabilizar el mercado en momentos de crisis. Chris Weafer, director ejecutivo de la consultora Micro-Advisory Partners, lo planteó en términos muy directos, hablando también con la cadena Al Jazeera.

Sin esa herramienta, el peso de estabilizar precios recae casi exclusivamente sobre Riad. Y cuando la guerra termine y el Estrecho de Ormuz vuelva a abrirse, Arabia Saudita tendrá que manejar sola el inevitable rebote de la sobreoferta.

El precio que nadie quiere pagar

La pregunta que nadie sabe responder todavía es si otros seguirán. La OPEP ha sobrevivido otras salidas —Qatar, Indonesia, Ecuador, Angola— y seguirá siendo menos influyente que antes, pero no va a desaparecer. Puede ser. Pero ninguna de esas salidas anteriores venía acompañada de una guerra que reconfiguró el mapa de alianzas del Golfo de un solo golpe.

Este domingo hubo un primer indicio de cómo piensa manejarse la organización sin Abu Dabi. Los siete países que aún participan en las decisiones de producción —Arabia Saudita, Rusia, Irak, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán— se reunieron de forma telemática y anunciaron un incremento de 188.000 barriles diarios para junio. Fue la primera reunión de la OPEP+ con la silla de los Emiratos vacía. Y el comunicado no los mencionó ni una vez.

El detalle que lo dice todo: el incremento es en gran medida simbólico. Las cuotas suben en papel, pero mientras el Estrecho de Hormuz siga cerrado por la guerra, ninguno de los grandes productores del Golfo puede exportar más de lo que ya exporta. Arabia Saudita tiene en este momento una cuota asignada de 10,3 millones de barriles diarios y produce 7,8 millones. La diferencia no es disciplina: es que los barcos no pueden salir. Los mercados, que ya anticipaban la decisión, no se movieron.

La OPEP+ está enviando una señal de normalidad institucional. El mensaje es: seguimos funcionando, seguimos decidiendo, la salida de los Emiratos no nos detuvo. Pero la señal llega en un contexto en que el barril Brent, que llegó a tocar los 126 dólares en su pico, cotizaba este lunes en torno a los 108 dólares —casi el doble de lo que costaba el día antes de que comenzara la guerra— y el galón de nafta en Estados Unidos alcanzó los 4,33 dólares.

Y mientras esto se discutía, ayer llegó la noticia que le da al episodio una dimensión todavía más cruda. Irán atacó con drones un petrolero de la empresa estatal emiratí ADNOC en el estrecho de Ormuz e incendió un puerto petrolero en territorio de los Emiratos. La situación obligó a las autoridades de Abu Dabi a activar por primera vez desde la tregua el sistema de alerta nacional: un mensaje que llegó simultáneamente a todos los teléfonos móviles del país pidiendo a la población que buscara refugio de inmediato ante la amenaza de misiles. Además, los Emiratos dijeron que se reservan el derecho de responder. Los países árabes del Golfo los respaldaron en bloque.

En síntesis…

La salida de los Emiratos fue a la vez el resultado de fricciones acumuladas durante años, una respuesta a la guerra que los convirtió en blanco, y una apuesta calculada por un nuevo orden energético donde Washington pesa más que Viena.

¿Cuánto tiempo puede un país compartir organización con el Estado que lo está bombardeando? Los Emiratos dieron su respuesta hace una semana. Y los hechos de este lunes remacharon su decisión. 

El resto del mundo todavía está procesando las consecuencias.

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