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Brasil: Lula y Flávio Bolsonaro lanzan sus campañas con un empate técnico en encuestas: Con el corresponsal Marcelo Silva de Sousa 

En Perspectiva · Entrevista – Marcelo Silva de Sousa – Corresponsal en Brasil

A menos de 50 días de la primera vuelta electoral, prevista para el 4 de octubre, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y su principal rival, Flávio Bolsonaro, lanzaron oficialmente sus campañas con actos cargados de simbolismo y en un clima de fuerte polarización.

Marcelo Silva de Sousa, corresponsal de Brasil en En Perspectiva, dijo que Lula aparece primero y Flávio Bolsonaro segundo, pero ambos dentro del margen de error. Una encuesta difundida este lunes proyecta una eventual segunda vuelta entre los dos candidatos, con una ventaja de Lula de 47% contra 44%, en un escenario de empate técnico, dado que el margen de error es de dos puntos porcentuales.

“Distintas consultoras, con metodologías propias, coinciden hoy en la misma foto: hay una ventaja de Lula sobre Flávio, pero es apenas una luz y está dentro del margen de empate técnico”, explicó Silva de Sousa en diálogo con Emiliano Cotelo y Romina Andrioli.

Actos en los bastiones políticos

Lula eligió para el lanzamiento de su campaña el estadio Primero de Mayo, en Vila Euclides, en São Bernardo do Campo, estado de São Paulo. Se trata de un lugar central en su trayectoria política: allí comenzó a consolidarse como líder sindical metalúrgico y encabezó huelgas contra la dictadura militar a fines de la década de 1970.

Según el corresponsal, el presidente brasileño recurrió a un tono “bastante nostálgico” y buscó recuperar tanto su trayectoria como las conquistas que reivindica de los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

Flávio Bolsonaro, en tanto, realizó su acto en la avenida Atlântica, frente a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. El lugar remite a las movilizaciones multitudinarias que encabezaba su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, durante su gobierno. El candidato se presentó sobre un camión con equipos de sonido y ante simpatizantes vestidos, en buena medida, con los colores verde y amarillo de la selección brasileña. “Cada uno reeditó, de cierta forma, una escena fundacional de su propia biografía política”, señaló Silva de Sousa.

Economía y seguridad, los ejes de la campaña

Los dos candidatos centraron sus discursos en las principales preocupaciones del electorado brasileño: la economía y la seguridad.

Lula defendió la gestión de su actual gobierno y pidió comparar sus indicadores económicos con los de la administración de Jair Bolsonaro. Al mismo tiempo, adoptó un tono autocrítico y reconoció que todavía queda mucho por hacer.

“El gobierno sabe muy bien que, pese a que la economía ha crecido en estos tres años, hay una sensación entre los brasileños de que el costo de vida está más pesado”, explicó el corresponsal.

Brasil registra una inflación bajo control, un crecimiento económico de entre 2% y 3% anual y una tasa de desempleo en mínimos históricos. Sin embargo, los empleos creados no siempre tienen salarios elevados y el endeudamiento de los hogares se encuentra en niveles récord. Según Silva de Sousa, cerca de un tercio de las familias brasileñas tiene dificultades para afrontar sus deudas.

Flávio Bolsonaro aprovechó esa situación para cuestionar al gobierno. Acusó a Lula de haber convertido “la esperanza en deuda” y prometió aplicar un fuerte ajuste de las cuentas públicas. Algunos asesores económicos de su campaña han planteado una reducción del gasto equivalente a entre 1,5 y 3 puntos del Producto Interno Bruto (PBI).

El candidato también habló de reducir impuestos y burocracia, además de achicar el tamaño del Estado. “Es una propuesta que recupera parte de la agenda liberal que su padre planteaba durante la campaña que lo llevó a la Presidencia”, dijo el corresponsal.

En materia de seguridad, Flávio Bolsonaro propuso medidas más drásticas, como la castración química para hombres condenados por delitos de acoso, y volvió a plantear que el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho sean considerados organizaciones terroristas.

Lula, por su parte, prometió recrear un Ministerio de Seguridad para combatir el delito.

La industrialización y los minerales críticos

Uno de los principales ejes del discurso de Lula fue la soberanía económica y el aprovechamiento de los minerales críticos y las tierras raras.

El presidente brasileño sostuvo que su país no debería limitarse a exportar los minerales en bruto para luego comprar en el exterior los productos elaborados con esos recursos. Brasil cuenta, según la exposición realizada en el acto, con la segunda mayor reserva de tierras raras del planeta.

“Lula quiere aprovechar esta oportunidad para industrializar Brasil, adoptar tecnología y hacer de estos minerales una fuente de riqueza que quede en el país”, resumió Silva de Sousa.

El mandatario también buscó marcar distancia de las grandes potencias. Su planteo, explicó el corresponsal, es que Brasil no dependa de Estados Unidos, China, Rusia ni de ningún otro país, sino que pueda transformar sus propios recursos naturales y agregarles valor dentro de su territorio.

Lula anunció, además, que todavía no está listo el plan de gobierno para una eventual cuarta administración. Según dijo, será presentado dentro de 15 días junto con su vicepresidente, Geraldo Alckmin.

Trump y los temas judiciales quedaron fuera de los actos

Pese a la influencia del presidente estadounidense Donald Trump sobre la campaña brasileña, el tema tuvo una presencia limitada en los discursos.

Flávio Bolsonaro evitó referirse de manera directa al aumento de los aranceles aplicados por Estados Unidos a productos brasileños, una medida que genera críticas hacia la familia Bolsonaro. Solo cuestionó a Lula por confrontar con un país ubicado a más de 10.000 kilómetros de Brasil, en lugar de mejorar las relaciones con los países vecinos. También afirmó que, si llega a la Presidencia, buscará mantener buenas relaciones con los países de la región, Israel y Estados Unidos.

Lula, en tanto, no mencionó los recientes escándalos de corrupción que salpican a su exjefe de gabinete ni las investigaciones que involucran a su hijo Luiz Cláudio Lula da Silva, conocido como Lulinha.

“Cada candidato se movió en los terrenos donde se siente más cómodo, no solo por el lugar elegido, sino también por los temas a los que se refirió”, resumió Silva de Sousa.

Incertidumbre por los debates

El primer debate presidencial está previsto para este domingo, organizado por la cadena BandNews, pero todavía no está confirmado quiénes participarán.

Según Marcelo Silva de Sousa, es probable que ni Lula ni Flávio Bolsonaro concurran. Ambos equipos evalúan que, en esta etapa, tienen poco para ganar y mucho para perder.

En el caso de Lula, su equipo considera que el formato podría dejarlo expuesto a los ataques de varios candidatos ubicados desde el centro hacia la derecha del espectro político.

Flávio Bolsonaro, en cambio, teme que la ausencia de Lula lo convierta en el principal blanco de las críticas. “Podría convertirse él, en reemplazo de Lula, en el blanco predilecto de los ataques”, explicó el corresponsal.

Minas Gerais, el estado clave

Durante esta primera semana de campaña, ambos candidatos concentrarán parte de su actividad en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil.

El estado suele ser considerado el fiel de la balanza, porque históricamente el candidato que gana allí queda bien posicionado para imponerse en la elección nacional. En 2018, Jair Bolsonaro ganó Minas Gerais por pocos puntos, mientras que Lula obtuvo allí una victoria ajustada en 2022.

Flávio Bolsonaro encabezará una caravana de motos en Juiz de Fora, la ciudad donde su padre fue apuñalado durante un acto de campaña en 2018. Lula, por su parte, viajará el viernes a Belo Horizonte, la capital del estado, para lanzar la candidatura de su postulante a gobernador por el Partido de los Trabajadores.

La campaña brasileña comienza así con dos candidatos que aparecen prácticamente igualados en las encuestas, con la economía y la seguridad como principales preocupaciones del electorado, y con la posibilidad de que cada movimiento altere un escenario todavía abierto.

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