
El Fondo Ida Holz financiará 35 proyectos de investigación científica en Uruguay durante un período de cinco años, con una inversión total de US$ 12,5 millones. La primera convocatoria recibió 80 propuestas en distintas áreas del conocimiento, entre ellas ciencias naturales y exactas, salud, producción agropecuaria, ingeniería, inteligencia artificial, matemáticas, astronomía, ciencias sociales y humanidades.
La iniciativa fue creada por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), Uruguay Innova y la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y un complemento de recursos propios de la ANII.
En entrevista con Emiliano Cotelo en En Perspectiva, David González, integrante del directorio de la ANII y secretario nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, explicó cuál es la principal novedad del fondo: “Se trata de proyectos de cinco años de duración. Esa era una larga aspiración de la comunidad científica, porque los proyectos disponibles en Uruguay eran por lapsos breves”.
Una apuesta a la investigación de largo plazo
Según González, los sistemas científicos cuentan con fondos para proyectos de distinta duración y con diferentes objetivos: algunos destinados a investigadores jóvenes, otros a científicos consolidados, a temáticas específicas o a áreas abiertas del conocimiento.
En Uruguay, dijo, faltaba una herramienta que permitiera desarrollar investigaciones durante un período más extenso: “Eso permite plantearse problemas de otra dimensión, hacer investigaciones en las que podemos arriesgar más, en las que podemos equivocarnos y retomar otro rumbo”.
El fondo lleva el nombre de Ida Holz (Montevideo, 1935), ingeniera uruguaya y pionera de Internet. La elección surgió de una convocatoria interna entre los trabajadores de la ANII y luego fue definida mediante una votación.
González destacó que Holz fue elegida por su carácter innovador, por ser mujer y porque continúa viva. “Los homenajes hay que hacerlos en vida”, dijo en la entrevista.
Los proyectos seleccionados
La convocatoria estuvo dirigida a investigadores de los niveles 2 y 3 del Sistema Nacional de Investigadores. Además, cada proyecto debía tener al menos dos responsables, preferentemente de distintas áreas del conocimiento o instituciones.
La condición buscaba promover la interdisciplinariedad, los vínculos entre instituciones y una mayor participación de investigadores del interior del país y de mujeres.
“Era importante que hubiera dos responsables en el proyecto, y no solo uno. También era una forma de plantear un desafío: salir de la propia institución, de la propia disciplina y del propio laboratorio”, explicó González.
La evaluación estuvo a cargo de un comité internacional integrado por nueve investigadores de Argentina, Brasil, Chile y México. Cada proyecto recibió al menos dos evaluaciones y, en algunos casos, tres. En total, participaron más de 100 investigadores extranjeros.
Las propuestas fueron analizadas según criterios como la originalidad, el impacto, la importancia y la factibilidad. Todos esos elementos fueron considerados dentro del concepto de excelencia.
Al momento de conformar la lista final, también se procuró que existiera diversidad temática, institucional, territorial y de género.
De los 35 proyectos seleccionados, 13 corresponden a ciencias naturales y exactas; nueve, a ciencias médicas y de la salud; cuatro, a ciencias agrícolas; cuatro, a ingeniería y tecnología; tres, a ciencias sociales, y dos, a humanidades.
Investigaciones sobre cáncer, ambiente e inteligencia artificial
Entre los proyectos financiados hay investigaciones sobre la eficacia de la terapia CAR-T contra el cáncer, las floraciones de cianobacterias, los polinizadores, las enfermedades de la soja y el tomate, la inteligencia artificial aplicada a la medicina y el uso de residuos para el desarrollo sostenible.
Uno de los proyectos, desarrollado por investigadores del Hospital de Clínicas, busca estudiar la eficacia de la terapia CAR-T contra el cáncer, una forma de inmunoterapia utilizada, entre otros casos, para tratar linfomas.
Otro, del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, analizará los factores que favorecen las floraciones de cianobacterias y procurará mejorar la capacidad de monitoreo y predicción.
González señaló que se trata de un problema multicausal, vinculado con el uso del suelo, el cambio climático, los fertilizantes, las lluvias y las corrientes de agua. Por eso, requiere la participación de distintas disciplinas, como la microbiología, la agronomía, las matemáticas y la climatología.
También se financiarán proyectos sobre el plancton marino, los polinizadores y los microorganismos del suelo; investigaciones que, según González, tienen relación directa con el cambio climático, la producción de alimentos y la salud ambiental.
En el área agropecuaria, uno de los proyectos estudiará el uso de caravanas inteligentes para monitorear la salud y el comportamiento de los animales, combinando conocimientos del sector agropecuario con ciencia de datos e inteligencia artificial.
Otro trabajo investigará enfermedades que afectan a la soja y el tomate, mientras que un proyecto de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República buscará aplicar inteligencia artificial para personalizar la medicina a partir de la integración de estudios e historias clínicas.
La UTEC, en tanto, desarrollará una investigación sobre biorefinerías y la transformación de residuos en valor, con el objetivo de contribuir al desarrollo sostenible y a una economía más circular.
Lenguas, democracia y aprendizaje
La convocatoria también incluyó proyectos de ciencias sociales y humanidades.
Un equipo de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República investigará las distintas lenguas presentes en la historia de Uruguay y su influencia en las prácticas culturales actuales. González destacó, en particular, la presencia del portuñol en la frontera y de expresiones de origen portugués en el habla cotidiana de los uruguayos.
En el área de las ciencias sociales se desarrollarán investigaciones sobre violencia, seguridad y democracia. También se estudiará cómo aprenden las personas y de qué manera el cerebro procesa la información.
González sostuvo que, aunque esos temas ya hayan sido investigados en otros países, las sociedades, las tecnologías y las formas de enseñar y aprender cambian constantemente.
“Si otros países estudian y mejoran su capacidad de cómo aprenden, y nosotros seguimos haciendo las cosas como siempre se hicieron, nos vamos a quedar más atrás”, dijo.

Becas para investigadores jóvenes
Además de fondos para materiales y equipamiento, cada proyecto incluye dos becas de doctorado y una beca posdoctoral.
Las becas de doctorado tendrán una duración de tres años y las posdoctorales, de dos. Los responsables de los proyectos podrán definir en qué momento del proceso necesitan incorporar a los investigadores en formación.
González señaló que Uruguay enfrenta un déficit de investigadores y que, al mismo tiempo, muchas veces no existen suficientes empleos para quienes terminan su formación.
“Es importante que los nuevos proyectos involucren también a investigadores jóvenes y a quienes terminaron su doctorado y están buscando su primer empleo de investigación”.
Seguimiento y evaluación de resultados
La ANII realizará un seguimiento de la ejecución financiera y de los resultados científicos de cada proyecto. González explicó que los investigadores deberán presentar actividades y objetivos distribuidos a lo largo de los cinco años.
Los cambios en el plan de trabajo serán posibles, pero deberán ser explicados y justificados. “Esto es ciencia y hay incertidumbre”, señaló. Por eso, un proyecto puede abandonar una línea de investigación si los resultados muestran que ese camino no funciona.
Los resultados serán evaluados a través de publicaciones, patentes, presentaciones públicas, actividades con la comunidad y la finalización de tesis de doctorado, entre otros indicadores.
González remarcó que un proyecto puede no alcanzar el resultado inicialmente esperado y, aun así, generar conocimiento relevante.
“Puede pasar que mejorar la forma en que las células CAR-T atacan el linfoma resulte más difícil de lo esperado o que haya que ir por un camino distinto. Eso no quiere decir que no haya un resultado: se amplió el conocimiento sobre ese tema”, explicó.
La continuidad del fondo
Los 35 proyectos fueron seleccionados entre 80 propuestas. González aclaró que los 45 proyectos que no obtuvieron financiamiento no fueron descartados por falta de calidad.
“No estar en la lista de esos 35 nada dice sobre la calidad de la investigación que están haciendo los proponentes de los otros 45”, sostuvo.
La ANII busca ahora otras alternativas de financiamiento para algunos de esos proyectos. Además, la intención es que el Fondo Ida Holz tenga una nueva convocatoria antes de que finalice el actual ciclo de cinco años.
Para eso, la agencia deberá evaluar el desarrollo de los proyectos y demostrar sus resultados. González señaló que un nuevo llamado implicaría comprometer recursos durante otro período de cinco años, posiblemente más allá de un mandato de gobierno. “Es muy importante obtener buenos resultados para que el sistema político en su totalidad se comprometa con esta idea, más allá de un gobierno”, dijo.
El financiamiento actual proviene principalmente de un préstamo del BID, aunque el objetivo es que, en el futuro, el país pueda incorporar este tipo de programas dentro de sus propios mecanismos de apoyo a la ciencia.
González aseguró que los recursos destinados a esta convocatoria no implicarán recortes en líneas centrales de la ANII, como las becas de posgrado y los fondos Clemente Estable y María Viñas.
La expectativa es que el Fondo Ida Holz marque un cambio en la política de financiamiento científico del país y permita sostener investigaciones de largo plazo, formar nuevos investigadores y fortalecer la cooperación entre instituciones.


















