La rebelión que falta

Por Daniel Supervielle ///

Tras el horror de la masacre terrorista en París, escribir una columna sobre lo que viene sucediendo en el mundo desde el 11 de setiembre de 2001 y no caer en un lugar común es muy difícil. Lo intentaré. Hay que asumir que el mundo está en guerra. Una guerra no convencional de enorme impacto mediático. Así como la generación de mis padres vivió con el miedo de una guerra nuclear, nosotros vivimos con el temor de una bomba en cualquier momento y lugar. El terror gana terreno día a día.

Desde el 11 de setiembre hasta el presente se han sucedido atentados. Los más notorios: Atocha, Sharm el Sheij, Boston, Beirut, Nigeria, Kenia, Charlie Hebdo aviones siniestrados, y el viernes pasado el atentado en Bataclan, París. En este aceleramiento de la historia hemos visto caer dictadores y nacer tiranías; surgir revueltas civiles, represiones sangrientas y bombardeos indiscriminados sobre poblaciones y ciudades.
Hemos visto nacer y morir la primavera árabe y el surgimiento del Estado Islámico.

El viernes tras la masacre en París todos percibimos una gota que derramó el vaso. Europa reaccionó inmediatamente con bombardeos sobre Raqqa, en Siria. Mientras tanto el mundo libre atónito se frota la cabeza tratando de encontrar un antídoto no bélico contra el terror que produce el radicalismo islámico porque sabe que la violencia genera más violencia.

He leído cartas de padres que perdieron a sus esposas, he visto llorar amigos que perdieron amigos y madres a hijos por culpa de los miserables terroristas. Con hidalguía, los parisinos, como los neoyorquinos a principios de siglo, escriben que no van a tener miedo y salen a las calles a vencerlo. Escriben que no darán a los terroristas el lujo de odiar. Incluso entonan la canción Imagine de John Lennon para aliviar el dolor o cantan La Marsellesa con lágrimas en los ojos.

En medio del torrente de imágenes y de información confusa, mientras las grandes potencias alistan sus misiles para generar más muertes, conocemos las caras de los terroristas: jóvenes inadaptados llenos de odio que nunca lograron integrarse al mundo libre en el que yo quiero vivir y que crezcan mis hijos y los tuyos.

Muchos han tejido respuestas muy profundas por la responsabilidad de Europa y la civilización occidental. Está bien. Son teorías y hay que atenderlas. Pero nada nunca justifica la matanza de inocentes y la intención de destruir el mundo que ha hecho más libre a la humanidad: Occidente.

Hasta acá, un relato bastante obvio: pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿Qué hacer para combatir estos hombres y mujeres ciegos de rabia a quienes los valores y sentimientos de nuestra civilización no les importa nada?

Va una idea. Tal vez parte del comienzo de la solución para este complicadísimo problema la tienen las mujeres musulmanas. A lo largo de la historia y en todos los pueblos en todos los continentes son las madres las que enseñan a percibir el amor. Intuyo que es desde el amor a la humanidad que se puede empezar a recorrer un camino. Pero para ellos las mujeres musulmanas deberían animarse a dar un paso adelante y levantar su voz acallada durante siglos.

Pienso en el caso de Malala Yousafzai. Malala viene luchando durante varios años por el derecho a la educación de las mujeres. Por su cruzada sufrió un atentado en el autobús escolar en el que iba a estudiar en una remota zona de Pakistán. Un terrorista talibán le pegó varios tiros en la cabeza. Milagrosamente salvó su vida y desde entonces se ha levantado desde un país del mundo libre contra la violencia hacia las mujeres y por el derecho a la educación de niñas en todo el mundo.

En 2014 Malala recibió el Premio Nobel de la Paz. Malala es musulmana. Entre tanta oscuridad, vale el ejemplo de Malala para tomar conciencia del enorme papel que puede llegar a jugar la mujer por su condición de madre en este terrible espiral de violencia en que acaba de ingresar el mundo. Sé que es una carga demasiado grande para las mujeres, pero es probablemente la rebelión que falta en el siglo XXI.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, jueves 19.11.2015, hora 08.05

Sobre el autor
Daniel Supervielle es periodista, analista político y profesor universitario. En sus tiempos libres escribe novelas de ficción.

Daniel Supervielle

Daniel Supervielle (1970) es periodista, analista político, profesor universitario y en sus tiempos libres escribe novelas de ficción.

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2 Comentarios

  • El conflicto es entre la civilización de Dios (que tiene amos) y la civilización del Mercado (que tiene dueños). Ojalá madres y padres pongan delante el amor a sus hijos, los musulmanes eligieron vivir la religión y nosotros el consumo. Los márgenes libertarios son más escuetos de lo que aparentan. La rebelión mas transgresora es la PAZ.

  • Como bien dices era muy difícil escribir sobre el tema y no caer en lugares comunes, de manera que no se puede ser muy crítico sobre ese intento frustrado. Sin pretender evitar ese riesgo, creo que desde una perspectiva de largo plazo -si bien puede haber algo de cierto en que el mundo occidental que el EI quiere destruir haya contribuido a crear un mundo más libre- el costo de esa libertad que algunos disfrutamos lo han pagado de manera directa ingentes proporciones de la humanidad que es necesario dejar al margen para asegurar esa manida libertad a la que aludes. Y eso es algo más que una teoría que hay que atender; es la realidad del devenir histórico de la colonización expoliadora sobre la que se erige nuestra «libertad».

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