Cataluña hacia el abismo por la manipulación de las emociones

Por David Torrejón ///

Es difícil entender la situación de Cataluña en España sin introducir el factor tiempo. Sin él, no se comprende que una de las regiones más ricas y con más autonomía de Europa esté viviendo este conflicto interno y externo con tanta excitación emocional. Hay que pensar que esto ocurre después de 30 años de gobiernos nacionalistas que han tenido en su manos la educación, es decir, han podido enseñar una historia de Cataluña y España a su medida; han dispuesto de tres décadas para construir un tejido capilar de organizaciones que han propagado a escala de barrio, de aldea, de pueblo, el ideal nacionalista –que tiene raíces muy antiguas–, y también de 30 años empleados en orquestar un conglomerado de medios de comunicación propios o sostenidos que igualmente llevan todo este tiempo martilleando con la idea de que España es la culpable de los males de Cataluña y construyendo un agravio comparativo detrás de otro.

Pero también es necesario introducir el tiempo como factor a corto plazo. Si hay tantas prisas por rematar un proceso de 30 años en un par de ellos es para aprovechar dos elementos favorables. El primero, el tener un Gobierno español nada flexible, encabezado por el presidente más impopular de la democracia. Es un hecho que este Gobierno ha convertido a miles de nacionalistas en independentistas en poco tiempo por culpa de sus decisiones y estilo. La dialéctica independentista trata de identificar a España y a los españoles con Rajoy y a lo que se ve, lo consigue. El otro elemento favorable a corto plazo es explotar los efectos de la crisis general de todo el país para usarla como arma arrojadiza contra España. Es el famoso «España nos roba», argumentado en balanzas fiscales que han sido desmentidas por los especialistas. En un estado solidario es lógico que aporte más quien más tiene, pero en el caso de España, quien más aporta no es Cataluña, sino Madrid.

Es por estos factores coyunturales que el nacionalismo catalán, que se había ido convirtiendo en independentismo de manera progresiva, ha acelerado su transformación de forma enloquecida en los últimos tiempos. Con un discurso mucho más elaborado que el de los partidos estatales, ha demostrado una gran capacidad para manejar las emociones y con ellas ocultar los hechos o cambiarlos, porque los fieles van a admitir cualquier cosa, aunque sea absurda. Nadie en ningún país europeo se atrevería a insistir repetidamente en que una Cataluña independiente va a seguir en la Unión Europea, después de que no haya quedado una sola instancia o alto cargo de la Unión sin afirmar solemnemente lo contrario. Solo cuando dominas de tal manera el discurso y a tus fieles se puede sostener una cosa así.

El independentismo juega cuando quiere con la razón y cuando quiere con el corazón. En su visión del mundo, ni España ni la Unión Europea van a prescindir de un mercado de siete millones de personas, es decir, estos países se van a comportar bajo una lógica económica, sin que influyan en su decisión ni sus votantes, ni su deseo de no dar alas a regiones propias con ansias separatistas. Y es extraño que piensen así porque la independencia por las bravas, incluso dentro de la Unión Europea, sería sin duda una catástrofe económica de primera magnitud, para España y mucho más para Cataluña. Es decir, ellos actúan en contra de la lógica económica más obvia sobreponiendo por encima de ella los sentimientos y sin embargo, esperan que los demás sean lógicos y no tengan también sentimientos.

Ante esta situación, las elecciones del 27 de setiembre se presentan como un punto de inflexión de este largo proceso, pero nunca su detenimiento. De alguna forma, con todo esto que hemos descrito, parece increíble que aún haya una mitad o más de catalanes que no quiera la independencia, pero sería cuestión de tiempo llegar a un 70 %, situación que parecería más razonable para plantear una apuesta así. Y estas prisas, al final, pueden volverse en contra suya. En cualquier caso, un país dividido a la mitad y obligado a desgarrarse ya es un drama. A partir del 28 de setiembre puede convertirse en tragedia.

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Sobre el autor
David Torrejón es periodista, publicitario, escritor y colaborador habitual de EnPerspectiva.net como autor del blog Pregoneros digitales.

Tiene la palabra
Miércoles 23.9.2015

Foto: Manifestante con la Estelada blava, bandera independentista catalana, durante una manifestación en Barcelona convocada por la Asamblea Nacional Catalana, el 11 de setiembre de 2012, Día de Cataluña. Crédito: Ivan McClellan.

David Torrejón

Es periodista, publicitario y escritor, aunque procura ser una sola cosa a la vez para no liarse. En su país, España, ha dirigido varios medios especializados, una agencia de publicidad y es miembro directivo de la Academia de la Publicidad y la Asociación de Marketing de España. Actualmente dirige la Asociación General de Empresas de Publicidad, así como el master de Marketing y publicidad del Instituto Europeo di Design en Madrid.

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