
Uruguay Innova cumplió su primer año de funcionamiento como un programa creado para articular y coordinar las políticas de innovación, ciencia, tecnología y desarrollo productivo. La iniciativa funciona en la órbita de Presidencia de la República y cuenta con oficinas en el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU).
En entrevista con En Perspectiva, su director ejecutivo, Bruno Gili, explicó que Uruguay Innova “es un programa, no es una agencia, no es una nueva institución”. Su objetivo es coordinar el trabajo de organismos como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), Uruguay XXI, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el LATU, entre otros.
Según Gili, Uruguay cuenta con unas 17 agencias vinculadas a estas áreas, que manejan en conjunto alrededor de 250 millones de dólares. El desafío consiste en evitar la superposición de programas y mejorar el impacto de los recursos destinados a la investigación y la innovación.
Mejorar el impacto de la innovación
Gili señaló que Uruguay tiene una buena posición en materia de estabilidad económica, resiliencia y calidad institucional, pero todavía no logra transformar suficientemente sus capacidades científicas y tecnológicas en productividad y crecimiento.
Según explicó, la innovación representa alrededor de 0,68% del producto interno bruto uruguayo, mientras que en países como Países Bajos el impacto es considerablemente mayor. La diferencia, sostuvo, no se explica únicamente por la cantidad de recursos disponibles, sino por la capacidad de convertir el conocimiento en productos, empresas y negocios internacionales.
En ese sentido, afirmó que “no logramos explicar nuestro PBI por el proceso de innovación”. Para el director de Uruguay Innova, el país tiene dos grandes desafíos: conseguir que los recursos que ya destina a ciencia, tecnología e innovación tengan un mayor impacto sobre la economía y la sociedad, y aumentar la inversión de forma más eficiente. El objetivo, resumió, es que los fondos sean “uno más uno de tres, no dos”.
Gili definió la productividad como la capacidad de obtener mejores resultados con los recursos disponibles: “Es lograr mucho más con lo que tenemos”.
La posible fusión de agencias
Uno de los planteos centrales de la entrevista fue la necesidad de revisar la estructura institucional del sistema. Gili sostuvo que algunas agencias deberían fusionarse y que otras tendrían que ser reestructuradas para evitar que distintos organismos financien programas similares o atiendan a los mismos sectores sin coordinación.
“Hay que fusionar algunas de las agencias. Hay que reestructurarlas”, dijo.
Como ejemplo de coordinación, mencionó el programa Uruguay al Mundo, destinado a apoyar la exportación y la internacionalización de empresas uruguayas. La iniciativa es coordinada por Uruguay Innova y ejecutada en conjunto por ANDE, el Ministerio de Industria, Energía y Minería y Uruguay XXI.
Gili explicó que, anteriormente, cada organismo podía tener su propio programa de exportación o promoción comercial. Ahora, en cambio, las instituciones trabajan sobre un único programa, con diferentes ventanillas de acceso y una distribución más coordinada de las tareas.
También puso como referencia el modelo de Cataluña, donde una sola organización concentra funciones que en Uruguay están repartidas entre varios organismos. Según explicó, esa estructura permite contar con más de 30 agentes comerciales en el exterior para promover a las empresas y productos de esa región.
Para avanzar en Uruguay, advirtió, no alcanza con una decisión administrativa inmediata. Es necesario acordar una transición, revisar los programas vigentes, contemplar las diferentes formas de gobierno de cada organismo y alcanzar consensos dentro del Poder Ejecutivo, el Parlamento y las propias agencias.
Universidades, empresas y transferencia de conocimiento
Otro de los ejes de la entrevista fue el vínculo entre la investigación, las universidades y el sector productivo. Gili sostuvo que Uruguay necesita que el conocimiento generado en los centros de investigación se transforme en prototipos, patentes, licencias, startups y nuevas empresas.
En ese sentido, señaló que “las universidades en el mundo generan valor, patentan, obtienen regalías, obtienen licenciamientos y son generadoras de startups y empresas”. A su entender, Uruguay todavía tiene un volumen bajo de transferencia tecnológica y debe modificar la forma en que las instituciones académicas se relacionan con el sector privado.
También reclamó una mayor formación de profesionales vinculados a las distintas áreas de la ingeniería, no solamente en software. “Uruguay debería tener una revolución de ingenieros”, sostuvo.
Para Gili, el país cuenta con capacidades en sectores como la biotecnología, la industria química, el software, los servicios financieros y los agronegocios. Sin embargo, esas oportunidades requieren más talento, mayor especialización y una estrategia coordinada para que las empresas puedan competir en mercados internacionales.
Innovación e internacionalización
El director ejecutivo de Uruguay Innova subrayó que la innovación debe estar orientada al mundo. En un mercado pequeño como el uruguayo, sostuvo, no siempre existe una escala suficiente para que las empresas recuperen sus inversiones únicamente con ventas internas. “Si no innovamos, es muy difícil. Además, hay que hacerlo para el mundo”, dijo.
En esa línea, explicó que el Banco Interamericano de Desarrollo otorgó préstamos por un total de 50 millones de dólares para financiar programas de innovación e internacionalización. Un primer tramo de 30 millones fue destinado a fortalecer el presupuesto de la ANII y financiar proyectos de investigación y desarrollo de largo alcance.
El segundo tramo, de 20 millones de dólares, estará orientado a la internacionalización de empresas, la atracción de inversiones y la mejora de la competitividad. Entre las iniciativas previstas se encuentra la creación de una ventanilla única de inversiones, que busca digitalizar y simplificar los trámites para quienes quieran invertir en Uruguay.
También se prevé fortalecer el denominado aftercare, un sistema de acompañamiento a las empresas que ya están instaladas en el país para favorecer su permanencia y estimular nuevas inversiones.
Además, Uruguay Innova trabaja en la creación de un Centro Nacional de Inteligencia Artificial, que contará con un financiamiento de 10 millones de dólares, y en un centro de biotecnología aplicada a los alimentos. El objetivo es aprovechar las capacidades del país en el sector agroindustrial para avanzar hacia la producción de ingredientes y alimentos de mayor sofisticación y valor agregado.
El desafío de pensar más allá del corto plazo
Gili consideró que la innovación, la educación y la transformación productiva requieren políticas que trasciendan los períodos de gobierno. A su juicio, Uruguay necesita alcanzar acuerdos políticos que permitan sostener las decisiones durante varios años.
También cuestionó la lógica de asignación de recursos que obliga a negociar de manera separada los presupuestos de cada agencia. Como alternativa, planteó la creación de un fondo global de ciencia, tecnología e innovación, al que los organismos deban competir con proyectos y objetivos concretos.
Gili sostuvo que el país debería poder evaluar, hacia 2030, cuánto retorno económico y social obtiene por cada peso invertido en investigación, desarrollo e innovación. En esa dirección, consideró que “cualquier uruguayo debería saber si tiene que ir a la institución A, B o C”.
Emiliano Cotelo conversó con Bruno Gili, director ejecutivo de Uruguay Innova.















