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EMILIANO COTELO (EC): Kevin Warsh presidirá por primera vez la reunión de política monetaria de la Reserva Federal, en reemplazo de Jerome Powell.
El encuentro, que comenzó ayer y se extenderá hasta esta tarde, se da en un contexto de inflación persistente en Estados Unidos y presiones del gobierno por bajar las tasas de interés.
Warsh, designado por Donald Trump, habló durante su proceso de nominación de un conjunto de reformas que pretende impulsar en el organismo que supondrían un "cambio de régimen”.
Entonces, ¿Qué implica este nuevo liderazgo para el futuro del banco central más importante del mundo? Lo conversamos en los próximos minutos con el economista Mathías Consolandich, de Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Mathías, empecemos por un panorama general. ¿Cómo siguieron las cosas entre Trump y la Fed en estos últimos meses?
MATHÍAS CONSOLANDICH (MC): Bastante más tranquilas de lo que vivimos a comienzos del año. El Departamento de Justicia archivó la denuncia penal contra Powell que lanzó en enero, y que se había interpretado como un paso más de injerencia de Trump sobre la independencia de la Fed, motivada por la reticencia del organismo a bajar las tasas de interés.
Archivar esa causa permitió que Kevin Warsh fuera confirmado en el cargo, porque era un requisito que varios legisladores del partido de gobierno habían manifestado para avanzar con esa nominación.
Y el otro hito, fue que Powell comunicó que, si bien deja la presidencia, continuará en la junta de gobernadores. Podría permanecer en ese rol hasta 2028, lo que es algo extremadamente inusual, porque los presidentes suelen abandonar el organismo al cesar en su cargo para evitar conflictos comunicacionales con las autoridades entrantes.
RA: A pesar de que Powell permanezca en le directorio, ¿debemos interpretar que Trump “se salió con la suya” al poner al frente de la Fed a una persona de su elección?
MC: No necesariamente. Primero, recordemos que este es un proceso normal. Nombrar al presidente de la Fed siempre es prerrogativa del poder ejecutivo. Sin ir más lejos, al propio Powell lo nominó Trump durante su primer mandato.
Por otro lado, entre los potenciales candidatos, Warsh era percibido como uno de los perfiles más independientes. Tiene formación en banca de inversión y política económica, y ya fue integrante de la junta de gobernadores de la Fed entre 2006 y 2011, en plena crisis financiera en ese país.
Hasta hace algunos años, sus posturas no estaban del todo alineadas con las que uno podría esperar de un nominado de Trump. Por ejemplo, tras la crisis del 2008 defendió retirar los estímulos monetarios más rápido de lo que se hizo y mostró preocupación por las distorsiones que la política monetaria laxa podía generar.
En el último año si se mostró a favor de tasas algo más bajas, pero eso no quiere decir que vaya a seguir los lineamientos de Trump.
RA: Pero, dado las presiones de Trump, ¿deberíamos esperar bajas de tasas de interés este año?
MC: Como decía, hace algunos meses Warsh se mostró a favor de una reducción de tasas, pero hay varios aspectos a tener en cuenta.
Por un lado, la situación que enfrenta hoy es distinta de la que había cuando hizo esas declaraciones. Con el conflicto en Medio Oriente, el mundo está experimentando un nuevo empuje inflacionario y Estados Unidos no es ajeno a esa dinámica. La inflación se ubicó en 4,2% en mayo. Además, la economía viene funcionando bien, con datos de PIB que marcan un crecimiento en torno al potencial y un mercado de trabajo que muestra mayor dinamismo. Con lo cual, es muy poco probable que la Fed avance en reducciones de tasas en el corto plazo y de hecho el sesgo apunta a tasas más altas, que es lo que han venido reflejando los mercados.
A su vez, recodemos que la Fed es un órgano colegiado y para mover la referencia se requiere de una mayoría de votos entre sus integrantes, algo que no parece probable de lograrse en las condiciones actuales.
Y, por último, Warsh necesita ser percibido por el mercado como alguien independiente a la influencia de Trump, lo que es clave para la credibilidad de la política monetaria y el anclaje de las expectativas de inflación. Eso puede llevarlo a tener que adoptar una postura algo más contractiva de lo que potencialmente quisiera, para construir esa reputación.
RA: Más allá de la discusión sobre las tasas, se hace énfasis en la agenda de reformas institucionales que pretende impulsar Warsh. ¿Qué tan relevantes son esos cambios si se implementan?
MC: Son cambios importantes. Cuando habla de reformar la Fed, Warsh pretende que el organismo juegue un papel más limitado en los mercados financieros y en la formación de expectativas. Su visión es que la Fed se extralimitó en su rol en los últimos años y eso generó distorsiones en la asignación del crédito.
Hay tres puntos sobre los cuales viene poniendo el foco. El primero tiene que ver con la comunicación del organismo. El segundo sobre el uso de los programas de expansión monetaria de las últimas décadas. Y el tercero apunta a cambiar las métricas que se usan para seguir la evolución de la inflación y definir las decisiones de política monetaria.
RA: Vayamos por partes. ¿Qué cambios en materia comunicacional pretende impulsar?
MC: Warsh ha sido crítico de que los bancos centrales comunican en exceso al mercado, dando una falsa sensación de certidumbre sobre la trayectoria que seguirán las tasas de interés y las principales variables macroeconómicas.
Entiende que eso restringe el espacio de acción de la política monetaria y demora la toma de decisiones, porque las expectativas del mercado se forman en base a las señales que manda el organismo y sorprender (por ejemplo, cuando se necesita subir la tasa) puede ser muy disruptivo.
Por ello, pretende que la Fed no publique las minutas de sus reuniones ni explicite proyecciones en horizontes tan largos como tres o cuatro años. También es contrario a la divulgación del “dot plot”, el gráfico de puntos que solemos comentar cuando ocurren las reuniones de política monetaria y en el que cada punto marca el nivel de tasa que cada integrante considera adecuado para los próximos años.
Ese fue un instrumento introducido por Bernanke en 2012, en un contexto de tasas extremadamente bajas, para señalizar que iban a permanecer allí por mucho tiempo. Desde ese entonces, se tornó en una herramienta central del “forward guidance” de la Fed.
Warsh viene a dar un paso atrás en ese sentido, menos señalización al mercado y que las expectativas se construyan con una mayor lectura de señales de mercado en tiempo real.
RA: Queda claro Mathías. Mencionabas que otra de las dimensiones tiene que ver con los programas de expansión monetaria. ¿Por dónde vienen las críticas?
MC: En las últimas décadas los principales bancos centrales implementaron expansiones monetarias muy importantes, que en la jerga se llamaron “Quantitative Easing”.
En el caso de la Fed, la herramienta surgió en la crisis de 2008, cuando el organismo tenía que inyectar liquidez al mercado pero ya no tenía mucho espacio más de bajar la tasa. Estaba agotando el espacio para usar su herramienta tradicional de política monetaria. Lo que se hizo fue comprar activos en el mercado usando su propio balance. Compró activos de distinta naturaleza, algunos incluso de alto riesgo. Esos activos salieron del balance de los bancos y se los quedó la Fed, inyectando dinero en la economía.
Luego volvió a emplearse en 2010, 2012 y por última vez en 2020 con la pandemia, siempre como mecanismo alternativo para ser expansivo cuando ya no queda espacio para bajar la tasa de referencia o cuando se entiende que eso tiene eficacia limitada.
Vale recordar que la Fed define la tasa de interés a un día, pero no controla toda la curva de rendimientos. Mediante estos programas, los bancos centrales compran bonos del gobierno a plazos largos, bonos de las empresas, títulos respaldados por hipotecas, bajando las tasas de interés de esos instrumentos y operando sobre toda la curva.
Cada programa en Estados Unidos fue mayor al anterior y hoy el balance de la Fed tiene un tamaño equivalente a algo más de 20% del PIB.
Warsh fue crítico de la extensión de estos programas y entiende que la herramienta debería utilizarse solo ante eventos muy excepcionales y por un período acotado, porque la compra masiva de estos títulos distorsiona los precios de mercado.
RA: Vayamos al último punto. ¿Qué cambios quiere introducir en el seguimiento de la inflación?
MC: Para la toma de decisiones la Fed mira el IPC, pero el indicador de inflación preferido es el PCE, que es un índice de gasto en consumo personal de los hogares. La principal diferencia con el IPC que usamos para medir la inflación acá en Uruguay es que la ponderación de los distintos productos no está fija en una canasta base, sino que cambia en función de la evolución del patrón de gasto de los hogares en tiempo real. Eso hace que sea una métrica más representativa de la inflación efectiva.
Aún así, Warsh sugirió avanzar hacia esquemas de medición de precios basados en relevamientos masivos y de alta frecuencia para reducir rezagos en la lectura de las tendencias del mercado.
También sostiene que el organismo debería enfocarse en mediciones que excluyan movimientos atípicos y puntuales en los precios de algunos productos. Por ejemplo, destaca la inflación mediana, que consiste en ordenar todos los bienes y servicios de la canasta y mirar cómo evolucionó el del medio, o utilizar medias recortadas que excluyan los extremos de la distribución de precios.
Actualmente, varias de estas métricas alternativas de inflación se ubican por debajo de la evolución del IPC y todas estas métricas de promedios recortados fueron lentos en recoger el cambio en la dinámica de precios en el shock inflacionario anterior.
RA: ¿Es esperable que esta tarde tengamos novedades en algunas de estas dimensiones?
MC: Probablemente no Romina, porque estamos hablando de cambios estructurales en el manejo de la política monetaria y estas iniciativas requieren de un apoyo extendido entre los integrantes de la Reserva Federal.
Por eso, es probable que Warsh busque primero construir esos consensos a la interna, antes de expresar posiciones disonantes con el resto.
Pero es muy importante tener en cuenta estos elementos que estuvimos conversando, porque hacen a la gestión de la política monetaria de Estados Unidos y por tanto pueden tener implicancias relevantes en las condiciones de liquidez globales, las tasas de interés, el valor del dólar en el mundo y la evolución de los precios de los activos financieros.















