
Foto: BTG Pactual
EMILIANO COTELO (EC): Como ustedes saben, desde el pasado 13 de julio HSBC dejó de operar en Uruguay bajo esa marca y pasó a hacerlo como BTG Pactual, tras la compra de su operación local por parte del grupo financiero brasileño. La operación, anunciada el año pasado, se completó una vez obtenidas las autorizaciones regulatorias.
Pero esta operación no puede analizarse en forma aislada. Se enmarca en un proceso más amplio de expansión y profundización del sistema financiero uruguayo. ¿Qué está pasando con el negocio bancario? ¿Y qué lugar ocupa esta adquisición dentro de ese proceso? Lo conversamos con la economista Alicia Corcoll, de Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Alicia, se trata de una noticia importante para el sector financiero. ¿Qué cambia, en los hechos, con esta operación?
ALICIA CORCOLL (AC): Primero transmitir tranquilidad, porque estamos hablando de un cambio de accionista y de marca, no de una interrupción en la operativa del banco. BTG Pactual comunicó en reiteradas oportunidades que habrá continuidad para los clientes (tanto en los productos como en los canales de atención) y en los equipos de trabajo.
RA: Cuando uno escucha que un banco cambia de dueño puede pensar que se trata de un hecho bastante excepcional. ¿Lo es?
AC: En realidad, no tanto. Uruguay tiene un sistema bancario integrado mayoritariamente por bancos que pertenecen a grupos financieros internacionales y, por esa razón, cada cierto tiempo puede cambiar el accionista de alguna institución como parte de decisiones estratégicas tomadas a nivel global. Ya ocurrió, por ejemplo, cuando BBVA adquirió Credit Uruguay en 2011 o cuando Scotiabank compró Discount Bank en 2015.
Lo importante es que esas transacciones se procesaron con total normalidad, sin afectar la estabilidad del sistema ni la operativa cotidiana de los clientes. Esos antecedentes también ayudan a poner esta nueva operación en perspectiva.
RA: Ahora, una pregunta que seguramente muchos oyentes se hacen: ¿por qué HSBC decidió vender su operación en Uruguay?
AC: La explicación hay que buscarla principalmente en la estrategia global del grupo y no en el mercado uruguayo. HSBC viene concentrando su operativa en mercados donde tiene mayor escala y ventajas competitivas y, en ese proceso, decidió vender algunas operaciones más pequeñas como la de Uruguay.
Por lo tanto, no debería interpretarse como una señal sobre el sistema financiero uruguayo. Responde, como decía, a una decisión del grupo a nivel internacional.
RA: Aprovechando esta noticia, vale la pena mirar al sistema financiero en su conjunto. ¿Cómo llega Uruguay a este cambio?
AC: Es una pregunta interesante. Uruguay sigue teniendo un sistema financiero relativamente pequeño y niveles de intermediación financiera bajos para los estándares internacionales, especialmente en materia de crédito. Hemos comentado varias veces en este espacio que nuestros ratios de crédito sobre PIB son bajos en términos comparados.
Pero, al mismo tiempo, es un mercado que viene mostrando un dinamismo muy importante, creciendo bastante más rápido que la economía en general.
RA: Alicia, detengámonos ahí. ¿Dónde se ve con mayor claridad ese crecimiento del sistema bancario?
AC: Prácticamente en todos los grandes negocios bancarios.
Hasta 2021 el crédito a empresas prácticamente no crecía, pero desde entonces acumuló un aumento de casi 70% en dólares y hoy sigue expandiéndose a tasas cercanas al 10% anual. El aumento está siendo extendido por tamaño de empresas y por sectores de actividad. Este año está siendo sobre todo apuntalado por el comercio y el transporte y las comunicaciones, aunque sectores típicamente tomadores de crédito como los agronegocios y la industria también están con mayor saldo de crédito.
Por otro lado, en el caso del crédito a las familias el dinamismo está siendo súper fuerte. Es un mercado que con el shock de la pandemia se frenó, pero que también desde 2021 aumenta a muy buen ritmo, mucho más intenso que el de la economía en general. En este caso, el crédito a las familias está subiendo 13% interanual en pesos corrientes (lo mido en esa moneda porque son créditos poco dolarizados), lo que supone un aumento de 9% en términos reales.
Frente a 2021 el aumento real en la mirada acumulada es de 30%. Al interior el crecimiento está siendo extendido por productos; sube todo (créditos hipotecarios, créditos automotores, saldos de tarjetas de crédito y saldos de otros créditos al consumo sin destino específico).
RA: Queda entendido lo que está pasando con el crédito. Ahora, ¿qué sucede del lado de los depósitos?
AC: También están con un desempeño muy favorable. Durante la pandemia los depósitos aumentaron y, en ese momento, se pensaba que ese escalón iba a ser transitorio. Sin embargo, eso no solo se mantuvo, sino que los depósitos siguieron subieron en los años posteriores. A junio el aumento es de 7% interanual y frente a 2021 el acumulado es de 35% (todo medido en dólares).
El crecimiento ha sido bastante generalizado por monedas por ejemplo, y hay un aspecto especialmente interesante: ya desde hace unos tres o cuatro años se está viendo un aumento importante de los depósitos a plazo. Tras la crisis de 2002 habían perdido mucho peso y nunca habían logrado repuntar. Hace un tiempo los bancos los están impulsando más, con campañas comerciales y tasas de remuneración más atractivas que en el pasado y, con eso, han empezado a subir. Siguen siendo una porción minoritaria del total de depósitos, pero a nivel sistema pasaron de ser el 9% en 2021 a ser actualmente el 20%.
RA: ¿Hay algún indicador que sintetice todo ese mayor nivel de actividad del sector y cómo impacta en la economía?

AC: Sí. El fuerte crecimiento del crédito y de los depósitos se refleja por ejemplo en el PIB de los servicios financieros, que mide el valor agregado que genera la actividad del sector. Si los bancos conceden más préstamos, administran más ahorro, procesan más pagos o venden más servicios financieros, generan más valor para la economía.
Y eso es justamente lo que muestran las cifras. Desde la pandemia, los servicios financieros han sido uno de los sectores de mejor desempeño de la economía uruguaya y uno de los servicios más dinámicos. El PIB del sector, según cálculos del Banco Central, está hoy un 17% por encima de los niveles prepandemia (medido en términos reales), mientras que el PIB de la economía en su conjunto aumentó 11% en ese mismo período.
RA: Entonces, ¿la entrada de BTG Pactual se da en un mercado atractivo desde el punto de vista del negocio bancario?
AC: Creo que sí. Naturalmente, Uruguay sigue siendo un mercado pequeño, pero viene mostrando crecimiento en prácticamente todas las líneas de negocio.
Con esta adquisición, BTG Pactual incorpora a su negocio global la operación de HSBC en Uruguay, una institución con una presencia relevante tanto en banca empresas como en banca personas.
Desde la perspectiva local, lo más relevante es que supone el ingreso de un nuevo accionista internacional al sistema bancario uruguayo, algo que no ocurre todos los días. Además, como comentaban en la entrevista de la semana pasada con la Cámara de Comercio Uruguay-Brasil, BTG pasa a ser el segundo grupo financiero brasileño con presencia bancaria en Uruguay, junto con Itaú.
RA: ¿Y qué puede esperarse ahora con BTG Pactual?
AC: En el corto plazo, lo esperable es continuidad. Ese ha sido el mensaje del banco y también se refleja en la decisión de mantener el mismo equipo de gestión. A partir de ahí, seguramente el banco buscará desarrollar su propia estrategia y aprovechar su experiencia regional, pero qué es lo que se desplegará es algo que iremos viendo con el tiempo.
RA: En definitiva, ¿con qué lectura nos debemos quedar tras esta operación?
AC: Me parece que esta operación termina siendo una buena oportunidad para mirar la evolución del sistema financiero uruguayo en una perspectiva más amplia. Por un lado, confirma la estabilidad del sector. No es la primera vez que cambia el accionista de un banco y estos procesos en las últimas décadas se han desarrollado con total normalidad para los clientes.
Por otro lado, la operación llega en un momento especialmente favorable para el negocio bancario. El crédito viene creciendo desde hace varios años, los depósitos continúan aumentando y el uso de los servicios financieros en general (por ejemplo, de los medios de pago electrónicos o de productos de inversión) sigue profundizándose. Además, el crecimiento del crédito no ha venido acompañado por un aumento significativo de la morosidad, lo que sugiere que, al menos hasta ahora, se trata de una expansión saludable.
Y, aunque Uruguay todavía presenta niveles de intermediación financiera bajos en comparación internacional, especialmente en materia de crédito, el potencial de crecimiento sigue siendo significativo. Así que, en definitiva, más allá del cambio de accionista que dio origen a esta conversación, podemos quedarnos con que el sistema financiero uruguayo atraviesa una etapa de gran dinamismo y que aún tiene espacio para desarrollarse.















