En Perspectiva

Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Agustina Rovetta. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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3 Comentarios

  • Vuelvo a insistir en la importancia de que como sociedad discutamos seriamente qué hacer con el problema de las adicciones, en particular de aquéllas que son perjudiciales para la salud, pero no sólamente. En lugar de correr atrás de las cocardas de las ONGs o los organismos internacionales, tenemos que pensar sin prejuicios sobre qué principios generales basarnos. ¿Queremos prohibicionismo? ¿Regulación? ¿Dejarlo como una mercancía más y que cada quien haga lo que se le cante? Hasta ahora tenemos los 3 criterios a la vez, todos funcionando según nuestros prejuicios:

    Tenemos prohibicionismo para la cocaína, el opio o las drogas sintéticas.
    Tenemos regulación para el alcohol, la marihuana y el tabaco. También para el juego, que es potencialmente adictivo y que felizmente lo regulamos.
    Tenemos libre mercado para los alimentos procesados, las golosinas, los alimentos con edulcorantes probadamente cancerígenos, etc.

    ¿Porqué? Porque hacemos política a la medida de nuestros prejuicios. Hay adicciones que tienen una connotación moral negativa y se busca prohibirlas e inviabilizar su mercado. Hay otras que tienen una connotación moral negativa, pero que por ahora se toleran. Hay otras que sencillamente se dejan libradas al mercado, su publicidad y su empaquetado son casi libres, a lo sumo hay unos octógonos para algunos de esos productos, pero que están al nivel de cuando las cajillas decían «fumar es perjudicial para la salud. MSP».

    El cigarrillo pasó de la tercera categoría a la segunda. Ahora se considera normal definir la política antitabaco como una política que va contra los intereses de las empresas que los producen. ¿Qué tan en contra? Si cierran los productores que podemos regular, ¿eso es bueno o malo para la regulación? Ojo, no estoy avalando la postura de Montepaz, de que si no les permiten cajillas blandas, entonces quiebran. Lo que si digo es que la discusión no se puede saldar con el razonamiento simplista de que cuanto peor para Montepaz, mejor para la política de disminuir el consumo de tabaco.

    Yo imagino un proceso de educación que baje paulatinamente el consumo, pero manteniendo proveedores conocidos a los que se los pueda regular. Miren la historia del prohibicionismo en el mundo. La sociedad sin tabaco no llegará nunca, aunque declaren ilegal la actividad de Montepaz y la obliguen a cerrar. Lo realista es hacer un esfuerzo tendiente a bajar consumos y mitigar daños en quienes ya son adictos. Ese esfuerzo se puede basar en educación y en servicios de salud. Pretender la erradicación de cualquier adicción es voluntarismo mágico. En el futuro siempre va a haber fumadores de tabaco, alcoholicos, ludópatas, cocainómanos, consumidores compulsivos de dulces, etc. Olvídense de la sociedad moralmente perfecta donde nadie es débil frente a las adicciones.Todo acercamiento moralista a las adicciones es equivocado.

  • Consumo no hay hoy ninguno prohibido, ninguno; regulaciones de oferta si existen varias y también prohibiciones.

    Una cuestión curiosa es aquella de los libertarios «cada cual en ejercicio pleno de su libertad haga lo que se le cante»
    Puerta abierta y ancha para entrar entonces en el territorio de las adicciones ¿cuál es la TRAMPA?, la trampa es la puerta de salida, porque por mas que en el albedrío con voluntad de salir, no siempre y dependiendo del objeto de adicción y de cada individuo, se puede salir, acto siguiente, la LIBERTAD SE ESFUMA, la puerta se achica o desaparece; y queda el adicto esclavo, sometido, acaso enfermo y seguro, bien jodido.

    • Hay un doble juego en decir que no se prohíbe pero se trata de perjudicar la ecuación del negocio. Una cosa es tratar de achicar el consumo por medio de la educación y otra tratar de hacer económicamente inviable la producción legal y regulada. Que la cajilla le cueste más cara al que la produce para que le deje menos margen sirve para que las compañías le ganen menos a cada cajilla, no para reducir el total de cajillas que se fuman. Eso es en el fondo una política prohibicionista, porque apunta a reducir el consumo atacando la oferta, haciendo inviable su producción. Eso es un error histórico, propio de cruzados morales que quieren desterrar el mal de la sociedad. Personalmente creo en la regulación de todo, pero apenas veo una cruzada para erradicar el mal, me pongo a cubierto de la histeria colectiva. Todos los aparatos de ONGs y organismos internacionales gritando al cielo por la simple cuestión de bajarle el costo a la producción de un envoltorio, no me huele bien. No soy libertario, pero tampoco un puritano.

      Creo que la sociedad siempre va a estar en equilibrio entre la virtud apolínea y el vicio dionisíaco. Impedir que se produzca por la vía de reducir márgenes sólo genera mercados negros, que son desregulados y no gravados por definición. Con buena parte de la política de Vázquez estoy de acuerdo: prohibir que se fume en lugares cerrados, eliminar la publicidad del producto y sacarlo de la vista en las cajas para ayudar al que deja de fumar. Todo eso me parece muy bien. Eso habría que hacerlo extensivo a otros consumos perjudiciales para la salud, que incluso al día de hoy tienen un marketing muy agresivo hacia los niños para iniciarlos en una alimentación poco saludable desde que aprenden a caminar. ¿Nunca vio que en los supermercados, en la línea de cajas se ponen todas las golosinas y los snacks que los niños quieren comer a la altura de sus ojos? Ojalá en algún momento unifiquemos estos criterios a otros consumos perjudiciales para la salud.

      Sin dudas que salir de una adicción es complejo y de hecho difícil. Decía un amigo en broma «dejar de fumar es fácil. Yo ya dejé varias veces». El asunto es dar información para evitar que la gente entre por ignorancia y ofrecer las mejores técnicas disponibles desde la medicina para ayudar a salir a los que quieran. Y si, la vida es riesgo permanente y la adquisición de adicciones es uno de ellos. Hay decisiones que podemos tomar ingenuamente en un momento y marcarnos por el resto de la vida y eso se previene con información y educación, es decir tratando a la gente como si fuera racional e inteligente. Pienso en la importancia de tener un mercado regulado y legal de todas las drogas, así que jamás podría ver bien que los productores locales de cigarrillos desaparezcan.

      Por último una cosa también hay que decirla: una cosa es lo que yo opino del cambio desde mi perspectiva liberal de los consumos y otra son las motivaciones del gobierno, seguramente mucho menos liberal que yo al respecto. Con la gloriosa excepción de Radi, en el gobierno más de uno se sale de la vaina por retroceder en la tímida liberalización que hicimos del cannabis. Aparentemente las condiciones en las que se tomó esta decisión son lamentables y parecen más una devolución de un favor a unos amigos que una política orientada por principios generales. Pero, una cosa que siempre me obligo a hacer es juzgar una política por sus resultados y no por las motivaciones de quien la promueve. Hay gente que queriendo hacer el bien, hace daño y gente que persiguiendo fines espúrios hace cosas que no necesariamente son malas.

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