
La imagen de miles de marroquíes intentando desperadamente llegar a Ceuta volvió a poner a Europa frente a una realidad que lleva años sin resolver.
El jueves 30 de julio, y en apenas pocas horas, decenas de miles de migrantes se lanzaron desde Marruecos hacia la ciudad de Ceuta, con el objetivo de acceder de esa manera a territorio de la Unión Europea. Algunos lo hicieron nadando y otros sobrepasando la cerca fronteriza. Y aunque la mayoría de ellos fueron devueltos a su país en los día siguiente, al menos 90 personas murieron en el intento.
Ceuta y el otro enclave español, Melilla, ubicados ambos en las costas de Africa sobre el Mediterráneo, son las únicas fronteras terrestres que la Unión Europea tiene con África.
La crisis desbordó la capacidad de respuesta de Ceuta y reavivó el debate sobre la política migratoria europea.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, acusó a algunos socios de utilizar la situación con fines políticos, mientras crecen las dudas sobre las causas del éxodo: desde el papel de las redes de tráfico de personas hasta la presunta utilización de la presión migratoria por Marruecos en el histórico conflicto por Ceuta y Melilla.
















