
La sociedad uruguaya se encuentra cada vez más alejada de las instituciones religiosas. Así lo refleja una encuesta de la consultora Cifra, difundida este domingo en Telemundo, según la cual 33% de los adultos se identifica como católico: 9% se considera practicante y 24% dice ser católico, pero no practicar esa religión.
A su vez, 28% de los encuestados afirma creer en Dios, aunque no se siente cercano a ninguna religión. Otro 11% se identifica con otras religiones y 28% se declara agnóstico o ateo.
El estudio fue realizado entre el 7 y el 18 de agosto, mediante entrevistas telefónicas a 1.000 adultos de todo el país.
En diálogo con Emiliano Cotelo en En Perspectiva, el doctor en Filosofía Miguel Pastorino dijo que los resultados “no son sorprendentes” ya que “coinciden con tendencias observadas en otros estudios sobre Uruguay y América Latina”.
“El descenso del catolicismo, si se dice más sociológico, o sea el que se dice católico pero no practica, viene bajando estrepitosamente en América Latina desde los años 70”, agregó.
Pastorino destacó que Uruguay presenta características singulares dentro de la región: “Uruguay tiene una cultura de profunda secularización que es singular en el mundo y única en América Latina”.
Laicidad y secularización
El filósofo advirtió que no debe confundirse el carácter laico del Estado uruguayo con la secularización de la sociedad. “El país a veces se atribuye esto al Estado laico, y yo siempre digo que el Estado laico no es lo mismo que la cultura secularizada”, explicó.
Como ejemplo, mencionó que México tiene un Estado laico desde antes que Uruguay, pero conserva una cultura religiosa mucho más visible. Lo mismo ocurre en Estados Unidos. “No es gracias al Estado laico que pasan estas cosas”, dijo.
Según Pastorino, la particularidad uruguaya se explica por un proceso histórico de secularización iniciado en el siglo XIX, que convirtió a la religión en un elemento con menor presencia en la vida pública y cultural.
Creer sin pertenecer
El aumento de las personas que dicen no tener religión tampoco implica necesariamente una ausencia de creencias espirituales o religiosas.
A su entender, cada vez más personas construyen una espiritualidad individual, sin vínculo con una institución religiosa: “Cada vez más las personas construyen una suerte de modo personal de vida espiritual religiosa, sin ninguna relación con ninguna institución religiosa”.
El fenómeno se expresa en el interés por prácticas y discursos vinculados con la autoayuda, las terapias, las energías, las vibraciones o los espíritus. “Lo que hay es una desafiliación institucional o ni siquiera participación, jamás de ninguna institución religiosa”, explicó.
Pastorino definió este fenómeno como una “tendencia de individuación progresiva”: “La persona es la que dice qué cree, cómo lo cree y cuándo lo cree”.
La transformación también alcanza a quienes mantienen una identificación religiosa. Según el filósofo, muchos creyentes viven hoy su fe de una manera más ecléctica y autogestionada, con una menor adhesión a las instituciones.
“Los propios que dicen ‘soy de tal religión’ también tienen una forma hoy más ecléctica, típica de la sociedad de consumo, de vivir su religión”, indicó.
Una brecha generacional
La encuesta muestra una diferencia marcada según la edad. Entre los menores de 30 años, 16% se considera católico y 42% se declara agnóstico o ateo. Entre los mayores de 60 años, en cambio, 40% se identifica como católico y 12% como católico practicante.
Para Pastorino, estos datos reflejan una “ruptura en la transmisión cultural de la religión” que, según él, “está quebrada hace mucho tiempo”.
En el pasado, las familias y las instituciones educativas transmitían una cosmovisión religiosa que tendía a reproducirse entre generaciones. Ese mecanismo, dijo, dejó de funcionar en buena parte de Occidente.
En Uruguay, además, la religión tiene una presencia pública y cultural más reducida que en otros países. “Está culturalmente está invisibilizada”, dijo Pastorino.
Esto dificulta el acercamiento de los jóvenes a las instituciones religiosas tradicionales. De todos modos, aclaró que los jóvenes no necesariamente abandonaron toda búsqueda espiritual. “Ellos también tienen búsquedas espirituales, pero van por vías alternativas”.
La caída viene de antes de la crisis de abusos
Pastorino cuestionó las interpretaciones que atribuyen el descenso de la identificación católica exclusivamente a la crisis de abusos o a determinadas posiciones de la Iglesia en materia moral.
“En general lo que se nota es que hay una pérdida de credibilidad desde fuera, desde fuera de lo católico, pero el descenso no se ve incrementado por estos fenómenos, sino que viene de atrás”.
Como ejemplo, recordó investigaciones realizadas desde dentro de la Iglesia Católica sobre la asistencia a misa en Uruguay.
“De 1987 a 2007 podía, por ejemplo, notarse un descenso del 50% de la asistencia a misa”, explicó. En Montevideo, agregó, la concurrencia habría bajado de aproximadamente 60.000 a 30.000 personas.
“La caída del catolicismo sociológico viene de atrás y viene constante en la caída”.
A su juicio, el proceso debe analizarse principalmente desde la historia y la evolución sociocultural del país.
“Me parece que eso lo explica mucho más analizar la historia del Uruguay y su proceso secularizador y las cosas que después fueron pasando más a nivel sociocultural que a nivel de la Iglesia”, dijo. “Para mí hay un tema que es más sociocultural del país que de las instituciones concretas”.
Educación y religión
La proporción de personas que se definen como agnósticas o ateas también aumenta con el nivel educativo: alcanza al 10% entre quienes tienen educación primaria, al 31% entre quienes tienen educación secundaria y al 36% entre quienes cuentan con educación terciaria.
Pastorino vinculó esa tendencia con una mayor formación crítica, científica, histórica y filosófica, que puede llevar a revisar las creencias recibidas. Pero también apuntó a la existencia de un prejuicio histórico en la cultura uruguaya contra la religión. “En general hay una visión de lo religioso como muy infantil, como muy de pocas luces”, cuestionó.
Según explicó, existe una mirada que presenta a las personas religiosas como menos racionales o intelectualmente menos desarrolladas: “Hay una idea de que la persona que es religiosa, en realidad, es porque necesita creer en algo, porque no le da como intelectualmente”.
A su juicio, esa percepción se relaciona con la influencia histórica del positivismo y de determinadas corrientes filosóficas en el país.
“Para decir que es inteligente, tiene que despegarse de lo religioso”, resumió.
Pastorino puntualizó, sin embargo, que la identificación católica no cae de manera lineal a medida que aumenta el nivel educativo. Entre quienes tienen educación primaria, 38% se define como católico —practicante o no—; entre quienes tienen educación secundaria, 29%; y entre quienes cuentan con educación terciaria, 34%.
El filósofo explicó que el catolicismo posee una tradición de diálogo entre fe, razón, ciencia y filosofía.
“Dentro del catolicismo, dicho esto por ateos, también es una religión bastante más racional, o más cercana al diálogo fe razón, fe ciencia, histórico, históricamente en Occidente”, dijo.
Religión y política
Consultado sobre una eventual asociación entre las religiones y los sectores conservadores o de derecha, Pastorino señaló que esa percepción no coincide necesariamente con la historia uruguaya.
“Si uno mira históricamente en Uruguay, la inmensa mayoría de las personas cristianas, tanto católicas como protestantes en Uruguay han sido mucho más comprometidas en la izquierda”, explicó.
En ese sentido, recordó la presencia de cristianos en los orígenes del Frente Amplio y sostuvo que, históricamente, una parte importante del catolicismo montevideano estuvo vinculada con la izquierda.
“Más bien el catolicismo en Uruguay ha sido bastante liberal, pero no en el sentido liberal conservador, sino frente al clericalismo”, afirmó.
De todos modos, señaló que la pérdida de identificación religiosa entre los jóvenes atraviesa a todo el sistema político y no solamente a la izquierda.
“La gente joven, tal como da la encuesta de Cifra, está mucho más lejos de la identificación religiosa que sus predecesores en el partido”, dijo.
La visita del papa al Parlamento
La encuesta de Cifra también consultó sobre una eventual visita del papa León XIV al Parlamento. El 58% de los entrevistados se mostró a favor. Entre quienes se declaran agnósticos o ateos, el respaldo alcanzó al 51%, frente a 36% que se manifestó en contra.
Tampoco se registraron grandes diferencias según la identificación partidaria: 59% de los frenteamplistas y 58% de quienes se identifican con la coalición consideraron positiva la posibilidad.
Para Pastorino, la mayoría de los uruguayos no ve esa visita como una amenaza al carácter laico del Estado.
“La mayoría de los uruguayos en general esto no le genera ningún problema porque se entiende en un sentido de cultura general que el papa es un jefe de Estado y no es que va a ir a dar catequesis al Parlamento”, explicó.
A su entender, las mayores resistencias aparecen en posiciones más radicalizadas de ambos lados.
“Un fundamentalismo religioso que pretende que el papa venga, no sé, a evangelizar el Uruguay”, señaló. Al mismo tiempo, cuestionó los discursos “más jacobinos” o “anticlericales” que plantean que la presencia del papa podría contaminar el espacio público. “Me parece un poquito caricaturesco y eso a veces es lo que hace más ruido”, agregó.
Pastorino consideró que la visita podría darle visibilidad internacional a Uruguay.
“Si viniera el Dalai Lama no cambia nada. En realidad una figura de una relevancia mundial al Uruguay lo visibiliza, lo pone en un lugar súper interesante en la comunicación pública a nivel global en esos días”, sostuvo.
También recordó que otros papas han visitado parlamentos de Estados laicos y que, en esas ocasiones, suelen abordar asuntos vinculados con los derechos humanos y otros temas compartibles por las democracias contemporáneas.
La encuesta muestra así una transformación profunda: Uruguay tiene menos católicos que hace algunas décadas, más personas que no se identifican con ninguna religión y una presencia creciente de formas individuales de espiritualidad.
En 1997, 58% de los adultos se declaraba católico y 21% se definía como católico practicante. Actualmente, esos porcentajes se ubican en 33% y 9%, respectivamente.
A la vez, 56% no se identifica con ninguna religión. Pero dentro de ese grupo conviven ateos y agnósticos con personas que creen en Dios o sostienen distintas prácticas espirituales.















