Del mundo Mundial

Fútbol para contar | Del mundo Mundial | (Capítulo I) La semilla uruguaya

El proyecto inicial presentado en 1929 en la sede del Club Nacional proponía en seis hojas escritas a máquina que Uruguay fuera la sede del primer Mundial.

La semilla uruguaya

Por Homero Fernández

Lunes 01.06.2026

En 1929 Barcelona estaba vestida de gala. Celebraba la Exposición Internacional. En ese marco de grandilocuencia se hacía la reunión para definir dónde sería el primer Mundial de Fútbol. Lo había determinado en Ámsterdam, un año atrás, el Congreso de la FIFA que en ese entonces tenía la tercera parte de afiliados de hoy.


El presidente Jules Rimet había llegado a la ciudad condal acompañado de su esposa y su hija. Mientras ellas paseaban admiradas, él se fue al Ayuntamiento barcelonés para ver nacer a su hijo pródigo. El aluvión inicial de aspirantes para hacerse cargo del recién nacido desapareció tan rápido como había llegado. Uruguay siguió levantando la mano y la mantuvo tanto que le tuvieron que decir que sí.


Jules Rimet respiró un poco. Su proyecto, aunque con tropiezos, seguía en pie. Ya en el tren de regreso muchas delegaciones, entre ellas la italiana, comenzaron a planificar el boicot. Que está muy lejos Uruguay. Que mejor posponemos la fecha. Que yo no voy, dijo Francia. Que yo tampoco, Alemania. Y los meses que pasaron se sumaron Holanda, Suecia y Hungría.


Y en Uruguay, los albañiles día y noche construyendo el Centenario. No se caían los muros, pero si uno a uno los invitados. En la prensa europea dijeron que Uruguay había desistido.
Entonces no se llamaban “fake news”, solo: mentiras.

Convencieron a Rimet que era mejor un torneo en Europa, y en Uruguay el de América y que los dos primeros de cada uno disputaran un cuadrangular.


La persistencia del gobierno uruguayo y la gran labor del diplomático Enrique Buero arrancaron a última hora la participación de Francia, Rumania, Yugoslavia y Bélgica. Serían 13 selecciones en total, el torneo de menos participación. El primer Mundial previsto para un mes, se terminó jugando en 15 días. El Centenario se transformó, sin saberlo, en monumento al fútbol mundial.


La Celeste fue la primera de la historia que ya tiene casi 100 años.
Eso es para siempre.


Del otro lado del Atlántico muchos se quedaron como en el “couplé” de moda en la época…


“Al Uruguay, guay, yo no voy/ porque temo naufragar”.

***

Comentarios