

Cada Francia-Marruecos muestra familias divididas y aficionados celebrando juntos antes del partido. Su historia e identidades comunes lo promueve.
El motor de Marruecos
Por Homero Fernández
Jueves 09.07.2026
En el Mundial de Catar 2022, impulsado por una trayectoria prometedora que lo había catapultado a semifinales, Marruecos se plantó ante Francia con toda la ilusión de desplazarla de la pelea por la Copa. Aunque jugó espléndidamente, peleó cada pelota y puso en aprietos a los galos, no le alcanzó. Perdió 2 a 0 con Francia y tuvo que disputar el tercer puesto contra Croacia, eliminado por Argentina.
Marruecos no pudo recoger el trofeo de la FIFA, pero previamente ganó el reconocimiento de todo el mundo porque había trasmitido mucho más que la emoción acostumbrada generada en un partido. La imagen de los jugadores festejando la victoria por 1 a 0 ante Portugal que les daba el pase a semifinales no era de las prototípicas.
Allí estaban los futbolistas abrazados a sus madres en una postal diferente, irreconocible. Y si hubo una que sintetizara el momento fue la del baile tradicional que protagonizaron en el centro del campo Sofiane Boufal y su madre.
El entrenador de entonces, Wallid Regragui, había tenido la iniciativa de rodear a los jugadores con toda la familia para que los acompañaran durante todo el Mundial. Es decir, los ubicó en el mismo hotel donde los futbolistas se alojaban buscando que en ese clima de arropamiento se potenciaran las emociones como disparadores del rendimiento en la cancha.
Sería por eso, o por lo que fuera, pero Marruecos llegó a ser el primer equipo africano y árabe en disputar una semifinal de una Copa del Mundo. Aunque muchas veces limitadas en sus derechos como mujeres, las madres marroquíes constituyen el pilar sobre el que se edifica la familia. Sobre ellas recae el cuidado de los hijos, las tareas del hogar e inclusive la economía. Aunque el marido aporte, no se involucra más de eso.
La madre es la que acompaña al futuro futbolista a los entrenamientos, la que le prepara la comida, la que le escucha en cada frustración y alegría. Por eso, estuvo aquella tarde también como protagonista en una cancha mundialista.
El entrenador Regragui supo sintetizarlo: “Nuestro éxito no es posible sin la felicidad de nuestras madres”.
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