

Didier Deschamps es un ejemplo de trabajo y éxito en el fútbol. Es campeón del Mundo sudando la camiseta en la cancha y desde el banco explotando su liderazgo y estrategia
El doble campeón francés
Por Homero Fernández
Martes 14.07.2026
Nos emociona conocer historias de futbolistas que prácticamente nacen con una pelota debajo del brazo. Pocos son los que descubren el amor por el fútbol sin quererlo.
El entrenador de la selección de Francia, Didier Deschamps, es uno de esos ejemplos. Primero se apasionó por el atletismo, donde hacía prevalecer su velocidad innata en carreras escolares contra niños de mayor edad. O, por el rugby revolcándose en el barro en los campos del País Vasco francés, de donde es originario.
Fue su gran amigo de la infancia, Emanuel, quien hizo todo lo posible para que Didier se interesara por el fútbol. Luego que empezó, sus cualidades hicieron el resto para mostrarlo como un prospecto con futuro. Debutó en el Aviron de Bayona y luego ya a los 14 años, el Nantes lo llevó a su centro de formación a 400 kilómetros de su familia.
Con poco más de 20 años, acumulaba títulos en los equipos donde siempre era el capitán: Nantes, Olimpique de Marsella, Juventus. Así llegó a la selección francesa donde con 30 años, también como cap itán, fue campeón del Mundial 1998 frente a Brasil.
Después, el éxito como jugador se repetiría al frente de la selección gala adonde llega en 2012. Se encuentra con un grupo de talentos como Antoine Griezman, Kylian Mbappé y Paul Pogba, pero en crisis como equipo. La gloria llega en 2018, en Rusia, al salir campeones y ganar la segunda estrella. Deschamps alcanza un lugar reservado para pocos, como Mario Zagalo y Frank Beckenbauer: campeón del mundo como jugador y como entrenador.
Aunque luego lleguen derrotas en la Eurocopa de 2016, la final perdida ante Argentina en el Mundial de 2022 y la eliminación de la Copa de Naciones frente a España, en 2024, Deschamps mantiene firme el timón.
Quienes han trabajado con él destacan que prefiere los buenos resultados que la estética en el juego. Un entrenador muy detallista y preciso en las instrucciones, especialmente en la estrategia de los balones parados.
Deschamps no olvida de dónde viene. Una vez fue a su ciudad, buscó a su primer entrenador. Le llevó un regalo: el brazalete de capitán con el que había salido campeón del mundo.
Aunque dijo que el Mundial de 2026 era el último, también afirmó que: “No hay nada más hermoso en mi carrera profesional que la selección de Francia”.
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