
Jules Rimet quería que el oro significara poseer la gloria. Al final, Brasil se quedó con ella, pero tantas batallas solo le dejaron una réplica porque la original se la robaron.
La Copa de Rimet
Por Homero Fernández
Viernes 05.06.2026
Cuando Jules Rimet tuvo más o menos claro que el primer Mundial se iba a llevar a cabo en Uruguay vio que en su agenda todavía le faltaba un asunto pendiente. Todo torneo que se dignara importante exigía la presencia de un trofeo para el ganador.
Y el primer presidente de la FIFA pensaba en grande. Así que, bien asesorado, se dirigió a la puerta con el número 41 de la calle Sèvres, en Boulogne-sur-Seine, en los suburbios de París. Llamó y le abrió el escultor Abel Lafleur. Un artista ya consagrado en el arte de los trofeos, especialmente en medallas conmemorativas francesas, como la del premio Luis Pasteur. En esa primera reunión le comentó del gran evento internacional que organizaba y la opción para el artista de ser reconocido a nivel mundial durante mucho tiempo. Así sería. Casi un siglo después lo estamos mencionando todavía.
“Mi querido Lafleur”, le habría dicho. “La copa tiene que tener oro, no para que valga como tal sino por el valor que simboliza. La Copa del Mundo deber el trofeo más ansiado y el oro la distinción para el equipo más valioso”. Acordaron un pago de unos 50.000 francos, que en la conversión actual serían poco más de 35 mil dólares. Una suma importante para la época y para la FIFA. Rimet se hizo más asiduo al taller del orfebre y fue siguiendo la evolución del proyecto.
Cuando se embarcó para Montevideo llevaba consigo la estatuilla de 35 centímetros de altura y de casi 4 kilos de oro. Inspirado en la diosa Niké, la de la victoria, la misma que los escultores clásicos inmortalizaron y hoy se exhibe en el Louvre, el trofeo pasó a ser el ícono con el que naciones soñarían en los siguientes años, hasta que Brasil lo conquistó para siempre en México 70.
Los brasileños ganaron con su arte del “jogo bonito” la Copa de Rimet. Pero perdieron el arte de la Copa de Lafleur, cuando se la robaron en diciembre de 1983. Por eso, Brasil hoy solo puede mostrar en sus vitrinas una copia fiel de la Copa Jules Rimet.
Nunca lo hubiera imaginado Lafleur que alguien se hubiera atrevido a hacer eso con su arte. Tal vez le faltó tiempo para conocer mejor el mundo del fútbol moderno tan dado a los montajes.
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