
EC —La otra aclaración es dónde está la diferencia entre la economía azul y la economía verde. Tú supiste ser un militante de la economía verde.
GP —¡Treinta años! Treinta años de militancia y llegué a una conclusión muy difícil, llegué a la conclusión de que todo lo que es verde, todo lo que es bueno para ti, para tu salud, para el medioambiente, todo lo que es bueno es costoso. ¿Quién inventó el sistema donde lo bueno es costoso y lo malo es barato? Tenemos que transformar esto en una economía en que lo bueno es barato y lo malo es costoso. Y esa no es la economía verde.
EC —¿Por qué la economía verde es costosa? ¿A qué te refieres?
GP —Cuando tú tienes un modelo de negocio que te obliga a enfocarte en un producto, el core business, te tienes que enfocar en una cosa. Y cuando tú te enfocas en una cosa, la competitividad se define con el menor costo. Y cuando eres algo nuevo, algo incipiente, algo innovador, no eres el más barato. Entonces nunca tienes la oportunidad de tener un producto, digamos papel bambú, papel natural, papel sin químicos, no puedes tener este papel al mismo precio bajo que alguien que está explotando grandes extensiones con eucaliptos genéticamente modificados. No puedes competir con esto. Y no puedes ponerte en lo que se llama la economía de escala, siempre producir más de lo mismo. Es en este contexto que la economía verde lo tiene muy difícil, porque no tiene economía de escala, tiene que responder en un contexto local, no pueden ser producciones masivas en grandes escalas, por eso siempre se complica.
EC —Entonces por ejemplo los alimentos de la economía verde terminan siendo más caros de lo debido y el consumidor lo acepta, si quiere ir por ese camino paga precios más altos. ¿Por ahí va tu razonamiento?
GP —Sí, pero tenemos un problema adicional. Una manzana de monte hoy en día tiene 20 veces más nutrientes que la manzana producida industrialmente de nuestros amigos chilenos. ¿Cuál es la diferencia? Hoy en día todavía compramos quilos de manzanas, no compramos concentraciones de nutrientes. En términos de nutrición la orgánica tiene mucho más nutrientes que la industrial, pero compramos kilos, no nutrientes. Si no cambiamos el cálculo del valor que realmente tenemos vamos a pensar que lo industrial es más barato, pero en verdad lo que nos interesa como seres vivos, como seres sanos es que necesitamos los nutrientes, las vitaminas, los minerales, no necesitamos kilos.
EC —Entonces, ¿qué es la economía azul como alternativa? ¿Puede decirse que es una especie de capitalismo sustentable, algo así?
GP —Nosotros estamos por el libre mercado, estamos a favor de la competitividad y siempre decimos que si hoy en día tenemos 200 proyectos realizados en la economía azul es porque we are out competing, competimos tan bien que el otro está dejando el mercado. Pienso que esto es importante.
Si calculamos el costo por ejemplo de un detergente, el detergente trabaja con aceite de palma africana, se necesitan grandes extensiones de siembra de palma africana en Colombia, en Brasil, en Indonesia. Entonces en Brasil hoy en día hay ocho fábricas de transformación de la cáscara que queda como desecho de la producción de jugo de naranja en detergente, un detergente natural. ¿Cuál es el costo de la cáscara? ¡Cero! Es un desecho, es algo que está disponible. La industria actual con su lógica de core business se enfoca en un solo producto y descarta el resto. Le damos valor al 10 % de la materia que pasa por nuestra economía, y el 90 % se desecha. Y con ocho fábricas de transformación de cáscaras de cítricos en detergente, en el concentrado de detergente, Brasil ya tiene el 80 % del mercado, no solamente es productor de jugos, es el líder mundial de jugo de naranja, sino que al mismo tiempo es el líder mundial del sustituto de la palma africana.
EC —La clave está en aprovechar todo lo posible.
GP —Con valor agregado.
EC —Si la economía azul busca eso, aprovechar elementos que están disponibles en la naturaleza pero que no se valorizan, si es algo tan obvio, ¿por qué hasta ahora no se ha ido por ese camino?
GP —Cuando tú vas a la Bolsa de Nueva York y le pides a un analista que te dé una revisión de la competitividad del café, ese analista no te habla del hecho de que cuando tú tomas tu cafecito en la mañana estás consumiendo solamente el 0,2 %; el 99,8 % no tiene valor. Para él lo único que cuenta es el 0,2 % que determina el valor en el mercado de Nestlé, de Lavazza, de Illy, de estos grandes productores. Por eso el modelo de negocios de hoy valoriza solamente el core business.
Nosotros lanzamos la iniciativa del café y hoy en día tenemos seis subproductos del café que nos permiten pagar al campesino cafetero cuatro veces más.
EC —¿Cuáles son los otros subproductos de las plantaciones de café?
GP —Primer subproducto, el hongo, el grano de café tiene una transformación bioquímica ideal. Primero tiene que hacer una fermentación y después tiene que hacer una semicarbonización. Esto te da 2.000 moléculas complejas. Qué pena que solamente utilicemos la molécula para despertarnos en la mañana, qué pena que no utilicemos el resto. El resto es ideal para un cultivo de hongos, porque el hongo no quiere competencia con bacterias, con la semicarbonización en la fermentación tú tienes un sustrato que te da 100 % de eficiencia. Es decir, un kilo de borra de café, un kilo de hongos.
Segundo, todas las abuelas en el mundo saben que cuando tienes mal olor en la heladera pones café. Sabemos que el café absorbe olores. Hoy en día tenemos desarrollada una fibra textil que incluye 6 % de borra de café posconsumo, tenemos ropa de Nike, de Adidas, zapatos de Timberland que tienen 6 % de borra de café.









