
EC —Esos son proyectos que ya están en ejecución.
GP —Realizados.
EC —A partir de los desechos de la producción de café, una de las líneas de producción va a mejorar las telas de artículos deportivos, por ejemplo.
GP —Y el equipo del Arsenal ya está vestido con ropa con café. No es un sueño. Hugo Boss lo tiene en el forro de los vestidos. Es un producto que existe.
EC —¿Desde cuándo existe?
GP —Seis años. Hay dos fábricas, la primera en Taiwán y la segunda ahora en Vietnam. Es muy interesante, les preguntamos a los cafeteros: ¿por qué no se hace más masivamente? Los cafeteros colombianos llegaron a la conclusión de que son cafeteros y no textileros. Del otro lado nuestra propuesta era que el textil en Colombia está en crisis, necesita algo nuevo. Vietnam, segundo productor de café del mundo, aceptó inmediatamente la propuesta, ya tiene la fábrica y está fomentando un textil de más alto valor agregado gracias a la innovación con café.
Se explica muy fácil: el gran problema, el obstáculo más importante que tenemos es la ignorancia, la gente no se da cuenta. Y cuando lo escuchan no tienen la fuerza de ser emprendedores.
***
EC —¿De dónde salen todas estas iniciativas? ¿Desde qué lugar hablas tú? ¿Quién eres en estos debates?
GP —El lujo que tuve fue que en 1994 el gobierno japonés y Naciones Unidas me invitaron a tomar el liderazgo de un think tank, un grupo de reflexión, en Tokio, para preparar el COP3, el COP de Kioto, donde los países llegaron al gran acuerdo de intercambiar certificados de bonos de carbono. Lideré a 82 científicos, era el único economista. Economista formado por jesuitas, muy rígido, muy claro, muy determinado. Eso me dio una plataforma extraordinaria para preguntarles a los científicos: “¿es posible cultivar un hongo en café?”. Y me dicen: “no solo es posible, es ideal”, yo como emprendedor tengo solamente una reacción: hacerlo. ¿Por qué debatir hacerlo? Hoy en día ya tenemos 5.000 fincas operacionales con lo del café.
EC —Tú estás al frente de una ONG, un think tank… ¿cómo llamarlo?
GP —Hoy en día es una red de ONG que se llama ZERI (Zero Emissions Research and Initiatives), cero emisiones. Porque nuestro objetivo es tener cero impacto en la naturaleza. Es más, pensamos que deberíamos poner la naturaleza de nuevo en su onda natural de evolución.
EC —Tú estás al frente de ZERI, que tiene sede en Japón.
GP —En Japón, pero son 38 organizaciones en el mundo.
EC —Y cuando hablas de los desarrollos, te refieres al trabajo de ¿cuántos científicos?
GP —Hoy tenemos 3.000 científicos. Cada día llegan a mi correo 20, 30 propuestas que van a cambiar el mundo. Sabemos que no van a cambiar el mundo, y los mismos científicos hacen un autocontrol, identifican los proyectos que sí valen la pena. A esto lo llamamos el think tank. Y del otro lado tengo el do tank, la gente que implementa. Tengo unos 1.000 emprendedores que están ansiosos de saber, “Gunter, ¿cuál es el próximo?”. Cuando llegué por ejemplo diciendo “podemos convertir todos los puntos de luz afuera, pública, y adentro, privada, en puntos de conexión a internet de alta velocidad” la gente dijo “la lanzamos”. No me preguntan “¿hay un estudio de factibilidad?”, “¿tienes un modelo de negocio?”, “¿has averiguado si cumple con la ley?”. No, es gente tan ansiosa que hace.
EC —Hace y pone el dinero.
GP —Claro, sin dinero no funciona. Necesitamos un capital que quiera dejar legado.









