
El docente y director chileno Miguel Rivera, autor del libro La escuela ha muerto, viva la escuela, y la especialista uruguaya Virginia Piedra Cueva analizaron los cambios que necesita la educación para responder a las nuevas generaciones.
Rivera explicó que la pandemia y el cierre de los centros educativos lo llevaron a preguntarse por el sentido actual de la escuela. Según sostuvo, ese período mostró las limitaciones de un modelo basado en aulas cerradas, currículos rígidos y estudiantes que reciben conocimientos de forma pasiva.
“La escuela creo que evidencia, a mi juicio, con la pandemia, su crisis, que es una crisis, voy a llamarlo también metafóricamente terminal, que obliga a hacer otra cosa muy diferente”, afirmó.
El autor planteó que la escuela debe transformarse para priorizar experiencias significativas, el trabajo colaborativo y una formación conectada con las necesidades actuales.
Por su parte, Piedra Cueva, coordinadora de la Maestría en Liderazgo Pedagógico y Organizacional de la Universidad CLAEH, señaló que la escuela ya no entusiasma únicamente a los estudiantes de contextos más vulnerables, sino también a jóvenes de sectores medios y altos. Además, sostuvo que muchos docentes tampoco encuentran satisfacción en una organización basada en el trabajo individual.
Piedra Cueva también destacó que durante la pandemia los docentes debieron colaborar y compartir conocimientos como no lo hacían habitualmente. A su entender, “el centro educativo necesita funcionar como tribu”, con equipos que trabajen en conjunto y puedan adaptarse a las necesidades de los estudiantes.
La especialista sostuvo que “la escuela debe poner el foco no solo en los aprendizajes, sino también en el bienestar, la convivencia y el trabajo conjunto”, concluyó.
Romina Andrioli conversó con Miguel Rivera y Virginia Piedra Cueva.















