Mural en la fachada del IPA: «A nosotros nos toca defender la buena arquitectura de la ciudad»; «en este caso fueron degradados los valores del edificio», dice el Arq. Jorge Nudelman (FADU)

El mes pasado, el artista y grafitero José Gallino pintó un mural en homenaje al educador Antonio Grompone en la fachada norte del Instituto de Profesores Artigas (IPA), lo que despertó fuertes críticas por parte del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo.

La obra fue una iniciativa de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) para conmemorar los setenta años del IPA, y forma parte de un proceso de recuperación de fachadas de edificios emblemáticos de la educación.

Grompone fue educador, escritor, abogado, fundador y primer director del IPA.

Desde el Instituto de Historia sostienen que “el asunto es gravísimo, más aún porque proviene de la autoridad”. Y agregan que “lo es no sólo por su resultado sino por su debilidad teórica”, ya que “denota el desconocimiento absoluto de los valores de este edificio singular y la incomprensión de los criterios proyectuales que presiden toda obra de arquitectura”.

Para conocer un poco más sobre el tema, recibimos a Jorge Nudelman, grado 5 en el Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura, arquitecto por la Politécnica de Madrid.

 

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4 Comentarios

  • Sigo sin poder concebir que se rechace el pintado de una fachada lateral del edificio el IPA (que antes era el IBO) con un mural por un artista bajo permiso de las autoridades, pero no se diga ni se haya dicho nada del total enchastre que se ha vendo haciendo de su fachada principal, con inscripciones políticas, gremiales, sociales y de otros tipos, algunas bastante agresivas por cierto. Está bien que admitamos la libertad de expresión del pensamiento; es lo correcto. Pero si señalamos el posible deterioro de aquella intervención artística, debemos también señalarlo con esas inscripciones en el frente principal.

  • No entiendo porque tanto alboroto por sólo intentar homenajear y mejorar la imagen de la ciudad. Hay fachadas que dan vergüenza en el estado que están y nadie dice nada. Creo que es una hipocresía defender el patrimonio cuando conviene o molesta cuando dejan venir abajo cientos de construcciones que bien merecen ser cuidadas y mantenidas. A los arquitectos más práctica y menos teoría.

  • Opino como ciudadano, porque no tengo credenciales para hacerlo como un idóneo. El problema que yo veo en esta crítica es la impertinencia del planteo en el contexto en el que se hace. La propia fachada del IPA está siempre toda escrita y llena de pegatinas. Nudelman acepta la necesidad de dejar expresarse en los muros, no tener una cidad de «muros blancos, inmaculados» porque eso sería propio de una dictadura. Pero, de pronto cuando la expresión no proviene de un movimiento social, sino de una autoridad que la encarga, entonces la cuestión de preservar la fachada del IPA pasa a ser de recibo.

    Y dejo constancia de que algunas de las proclamas que luce el IPA en su frente las puedo compartir, depende de cuales claro. El tema para valorar una intervención no puede pasar por el contenido del mensaje.

    Mirando un poco más el bosque, la ciudad está en permanente demolición de obras de enorme valor, ora histórico, ora formal. Cuando no hay demoliciones, hay intervenciones imponentes. Uno mira por ejemplo el portón que le pusieron a la DGI (ex-ANTEL) al lado del BHU. ¿Quién estudió seriamente ese asunto? ¿Porqué se autorizó a romper la simetría de esa fachada? ¿Es de ignorante que soy que me parece horrible esa intervención?

    Una intervención algo más prolija se hizo en el frente el 19 de junio del BROU, pero de todas formas se levantó una fuente con chorros de agua y luces de colores, que era lo que tenía en lugar de una fila de cajeros. Otro ejemplo es lo que pasó con la fachada del edificio de Introzzi, cuando la DINAMA lo compró y lo llenó de compresores de aire acondicionado sobre la cornisa que está sobre la vereda (y cuyos vitrales están hechos pedazos).

    Como la ciudad no se planifica, se va construyendo por promotores privados que «perpetran» sus edificios con total prescindencia del entorno en el cual lo integran. Como se autorizan alturas superiores sin organizar el reemplazo de todo un bloque, a menudo esa forma anárquica de dejar evolucionar la ciudad produce enormes medianeras lisas. Esas medianeras terminan poblándose de ventanas y ventanucos anárquicamente distribuídos. Lo que he visto en estos murales, más allá de discusiones estéticas, es que los murales de Gallino tienen el mérito de tapar algunas medianeras que de otra forma son una mugre y reducir la tendencia a escribirlos con consignas o llenarlos de pegatinas. Y sinceramente prefiero un mural de Gallino a un publicartel que me invite a «destapar felicidad», que es lo otro que suele pasar con las medianeras.

    En definitiva, entiendo el planteo, pero me resulta impertinente en el contexto de abandono y anarquía en el que está sumida la ciudad.

  • Aquí lo vergonzoso es que no se dice nada de lo mugrienta que está la fachada gracias a gentileza del Ceipa y colectivos de minorías LGTB. Se ve que se tiene miedo de expresarse contra ellos y se selecciona contra quienes se envalentona la FADU y contra quienes la hipocresía hace la vista gorda

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