

Foto: American Repertory Theatre
La Tertulia de los Viernes con Marcia Collazo, Víctor Ganón, Juan Grompone y Ana Ribeiro
Estados Unidos comenzó ya los festejos por los 250 años de su independencia.
El 4 de julio de 1776 un grupo de hombres reunidos en Filadelfia firmaron un documento que no era, en principio, más que una carta de ruptura. 13 colonias le comunicaban a la corona británica que se iban, que ya no reconocían su autoridad, que a partir de ese momento serían libres e independientes.
Pero lo que quedó no fue solo la independencia de los Estados Unidos de América. Quedó una frase que todavía hoy se cita, se discute y se cuestiona: que todos los hombres son creados iguales, y que tienen derechos que ningún gobierno puede quitarles: derecho a la vida, derecho a la libertad y derecho a la búsqueda de la felicidad. Y quedó una consecuencia política de ello: si los derechos son anteriores al gobierno, el gobierno solo es legítimo cuando los ciudadanos lo consienten.
Aquel texto tuvo consecuencias que sus autores no anticiparon. Inspiró a la Revolución Francesa y las independencias latinoamericanas, e inauguró un modelo de nación basada en ideas y no en etnia o territorio. En el siglo XVIII eso era una novedad radical.
Pero hay lecturas que matizan esa épica. Para algunos historiadores, la declaración no era un programa de transformación social sino una justificación de la autonomía local frente al poder central: sus autores desconfiaban del gobierno fuerte tanto como de la monarquía. Y la contradicción original es difícil de ignorar: la firmaron hombres que en su mayoría eran dueños de esclavos, y la igualdad que proclamaban no incluía a los africanos esclavizados, ni a las mujeres, ni a los pueblos originarios.
Continúa en: Federico García Lorca, a 90 años de su asesinato















