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La Tertulia de los Viernes con Marcia Collazo, Víctor Ganón, Juan Grompone y Ana Ribeiro
Ankara, la capital de Turquía, fue la sede de la cumbre número 36 de la OTAN, que se llevó a cabo esta semana y que reunió a los jefes de Estado y de Gobierno de los 32 países miembros de la Alianza Atlántica, junto a las máximas autoridades de la Unión Europea.
La agenda estuvo centrada en el fortalecimiento de las capacidades de defensa, el aumento del gasto militar de los aliados, la guerra en Ucrania y los principales desafíos para la seguridad internacional.
Pero, quizás uno de los aspectos que más llamó la atención, fue cuando al término de la cumbre, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, sorprendió a los mandatarios con un obsequio poco habitual: un revólver personalizado con el nombre de cada líder, acompañado por seis balas reales y una una nota que eximía a las armas de los controles de exportación.
El gesto, pensado como un “souvenir” de la industria armamentística turca, generó escenas "insólitas" entre los equipos de seguridad de las diferentes delegaciones.
El primer ministro belga, Bart De Wever, por ejemplo, conoció de qué se trataba el regalo después de aterrizar en Bélgica.
“El primer ministro se sorprendió y de inmediato lo entregó a la policía del aeropuerto para que fuera colocado en una caja fuerte segura, y el asunto se manejó de acuerdo con los procedimientos correspondientes", dijo un funcionario a la agencia AFP este jueves.
Por su parte, Ursula Von der Leyen expresó su agradecimiento a Erdogan por el regalo, dijo su vocero, quien agregó que el arma será desactivada y donada a un museo militar.















