
Foto: AFP
Los robots terrestres ucranianos dejaron de ser un detalle logístico en la guerra con Rusia, para convertirse en un actor central del combate.
Lo que arrancó como vehículos para llevar municiones y evacuar heridos, hoy asalta trincheras, coloca minas y hasta captura prisioneros rusos, según publicó esta semana The New York Times.
A diferencia de los drones aéreos, impulsados por operadores tecnológicos, estas máquinas terrestres nacieron de mecánicos y soldados de infantería que resolvían problemas con lo que tenían a mano.
El impulso detrás es simple: Ucrania tiene menos soldados que Rusia y no puede darse el lujo de perderlos.
Con lo que se denomina una "zona de muerte" que en algunos tramos del frente ya se extiende unos 24 kilómetros, mover personal a pie se volvió tan riesgoso como sostener una posición. Los robots, más baratos y más difíciles de detectar que un vehículo con tripulación, absorbieron buena parte de esas tareas: en algunas unidades cubren hasta el 80% del transporte y las entregas sin exponer a una sola persona.
El resultado ya cambió la escala del conflicto: Ucrania planea fabricar 50.000 de estos vehículos en 2026, más del doble que el año pasado.
Los robots terrestres no reemplazan 100% al soldado —no trepan un árbol ni saltan a una trinchera— pero multiplican los intentos posibles sin multiplicar las bajas.
Como resumió uno de los responsables del sector, cada robot es una nueva chance de completar la misión sin perder una vida.
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