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La otra cara de las inundaciones: ¿Cómo un trabajador rural rescata el ganado en medio de una crecida? Con Leo Ponte desde Artigas

En Perspectiva · Entrevista – Leonardo Ponte – Trabajador rural, vecino del pueblo el Topador en Artigas

Las inundaciones que afectan a distintos puntos del país también generan dificultades en los establecimientos rurales, donde los trabajadores deben arriesgarse para poner a salvo al ganado. 

Leonardo Ponte, trabajador rural y vecino de El Topador, en el departamento de Artigas, relató en En Perspectiva cómo se desarrollan esas tareas durante las crecientes.

En diálogo con Emiliano Cotelo y Romina Andrioli, Ponte explicó que trabaja en una zona cercana al río Cuareim, donde las inundaciones pueden avanzar rápidamente y complicar el traslado de los animales. Según señaló, muchas personas creen que trabajar en el campo consiste en “pasear a caballo en un hermoso día de sol”, pero sostuvo que la realidad es muy diferente y que también hay momentos “amargos”.

Cuando llegan las inundaciones, las tareas se vuelven especialmente complejas para quienes trabajan en las zonas de costa y monte. Ponte explicó que el agua puede avanzar de manera “traicionera” y que, en muchas ocasiones, deben esperar a que mejoren las condiciones climáticas antes de ingresar a rescatar el ganado.

“Hay que esperar que paren los temporales y que la descarga eléctrica se tranquilice”, dijo. El trabajador recordó que recientemente una persona murió como consecuencia de una descarga eléctrica, por lo que las tormentas representan un riesgo adicional para quienes participan en las tareas de rescate.

Esa espera puede provocar que los trabajadores lleguen tarde a los lugares donde se encuentran los animales. “El agua no espera, el agua se viene”, resumió Ponte, quien reconoció que genera tristeza y frustración perder una res después del esfuerzo realizado para intentar ponerla a salvo.

Durante los rescates, la prioridad es preservar la vida de las personas. Ponte explicó que, cuando está a cargo de un establecimiento, debe tomar decisiones difíciles porque primero está “la integridad física de los compañeros y luego la de los animales”. El límite hasta dónde pueden avanzar depende del caballo, del terreno y de la fuerza de la corriente.

En algunos casos, los animales deben nadar entre 50 y 60 metros para atravesar las zonas más profundas. Luego continúan durante varias hectáreas con el agua a la altura de la rodilla del jinete o del recado. El mayor peligro aparece cuando la corriente es fuerte y el caballo debe nadar con el trabajador encima.

El ganado también reacciona con desesperación ante esas situaciones. “El ganado se desespera tanto como un cristiano dentro del agua”, dijo Ponte. Según describió, los animales intentan treparse unos sobre otros para mantenerse a salvo, por lo que los trabajadores deben ingresar al agua y separarlos para evitar que se amontonen.

Las tareas se realizan en conjunto con otros vecinos. Algunos ingresan a las zonas más peligrosas, mientras otros permanecen fuera para recibir a los animales y continuar guiándolos hacia lugares seguros. El trabajo se organiza como una cadena: quienes están más atrás acercan el ganado y quienes se encuentran fuera de la zona de riesgo continúan arreándolo.

Ponte recordó además una situación especialmente difícil que vivió junto a uno de sus hijos. En una oportunidad, el joven se arrojó desde un bote para desenredar un lazo que estaba atado en la copa de un árbol. Mientras nadaba para rescatar a un novillo, sufrió un calambre y dejó de responder durante algunos instantes. Su padre logró llegar hasta él y sacarlo del agua. “Fue uno de los peores momentos” de su experiencia en esas tareas, relató.

El trabajador contó que también tiene ganado propio y que, en cada emergencia, los vecinos se organizan para colaborar. Sin embargo, advirtió que no todos pueden ingresar a las zonas más peligrosas y que la experiencia de cada persona es determinante para decidir quién encabeza el rescate.

Respecto a la situación actual, señaló que los campos permanecen encharcados, los ríos continúan crecidos y el nivel del río Uruguay dificulta el escurrimiento de las aguas del Cuareim. En esas condiciones, “por poca que sea la lluvia, ya es motivo de que haya una inundación”, advirtió.

También indicó que algunos caminos y pasos quedan cortados por la crecida de zanjas y arroyos. Para enfrentar esos períodos, las familias del medio rural se preparan con anticipación con alimentos, medicamentos y elementos sanitarios. De todos modos, muchas veces no queda otra alternativa que esperar hasta que la naturaleza permita volver a circular.

Al finalizar la entrevista, Ponte reclamó mayores oportunidades para quienes trabajan y viven en el interior profundo, especialmente para las familias que buscan permanecer en el medio rural: “Yo sueño con un Uruguay más productivo, con más oportunidades para las próximas generaciones”.

En ese sentido, contó que junto con su familia hace años espera acceder a una oportunidad a través del Instituto Nacional de Colonización. También pidió que quienes trabajan en el campo puedan contar con más posibilidades para continuar viviendo y produciendo allí.

Además, explicó que busca difundir videos sobre las tareas rurales para que quienes viven en Montevideo y otras zonas urbanas conozcan mejor esa realidad: “La gente se sorprendió porque nosotros nos sorprendimos con la repercusión que tuvo. Es lindo compartir para que sepan cómo viene la mano, de dónde sale la carne, de dónde sale la leche y el trabajo que se pasa”.

Ponte sostuvo que su objetivo es mostrar una parte del trabajo cotidiano del interior profundo y acercar esa realidad a la población urbana.

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