

Foto: Dominio Público
EMILIANO COTELO (EC): El domingo se celebró en Perú la segunda vuelta presidencial y, a esta hora, el resultado todavía no está definido. El escrutinio primario confirma el empate técnico entre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.
Esta mañana, con 98,216 de los votos procesados Fujimori vuelve a superar a Sánchez pero con una diferencia mínima, 50,002% a 49,998%, lo que implica un margen de apenas 561 votos (en un total de de 19 millones de sufragios). Así, todo indica que el resultado final podría demorarse varios días más ya que será necesario esperar que se complete el segundo escrutinio en el que se analizarán los votos observados.
Sea cual sea el desenlace, quien asuma la presidencia lo hará en un contexto político de alta fragmentación y con un Congreso que, en su nueva configuración bicameral, tampoco refleja mayorías claras. Al mismo tiempo, lo hará frente a una economía que, pese a todo, ha demostrado una resiliencia notable.
Nos pareció que era oportuno dedicar nuestro espacio de análisis económico de hoy a entender un poco más la economía peruana: ¿cómo llegó Perú a esta instancia en materia de crecimiento? ¿En qué medida la inestabilidad política del último decenio ha pesado —o no— sobre la actividad? ¿Qué fortalezas y qué pendientes tiene la economía peruana?
Estamos en contacto con Alejandro Vallcorba, economista de Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Alejandro, empecemos por el contexto político. ¿Podemos repasar brevemente cómo llegó Perú a este balotaje tan reñido?
ALEJANDRO VALLCORBA (AV): Sí, antes Romina déjame hacer una aclaración. En Exante tenemos un conocimiento limitado de la economía peruana. Hacemos un seguimiento general de lo que acontece en nuestro continente, pero nos resulta una realidad algo lejana. Para esta columna revisamos las principales estadísticas macroeconómicas y consultamos diversos artículos de analistas y medios especializados.
Con esa aclaración y respondiendo a tu pregunta, Perú llega a esta elección con una historia política reciente verdaderamente excepcional, y no en sentido positivo. El nuevo presidente o presidenta que se proclame será el decimo jefe de Estado peruano en una sola década. En ese período hubo destituciones, renuncias, un autogolpe fallido y una sucesión de crisis institucionales.
La primera vuelta, celebrada en abril, ya dejó señales elocuentes de un sistema político muy dividido. Keiko Fujimori, que fue la candidata más votada, obtuvo apenas un 17% de los votos válidos. Su rival de segunda vuelta, Roberto Sánchez, del espacio de izquierda vinculado al expresidente Pedro Castillo, llegó con apenas un 12%. Es decir, los dos candidatos que disputaron la presidencia el domingo entre ambos no alcanzaron el 30% del electorado en la primera vuelta. La fragmentación es extrema, y eso se refleja también en el nuevo Congreso, donde nadie tiene mayoría. Cualquiera de los dos candidatos deberá gobernar en minoría, negociando con un Parlamento muy fragmentado.
RA: ¿Cómo afecta esa inestabilidad política el clima general de negocios? Me imagino, por ejemplo, que en los indicadores usuales de calidad institucional no lucen bien. ¿Es así?
AV: Sí. Si bien en indicadores como libertad económica o desarrollo humano, Perú se ubica entre los primeros de la región; en los índices que miden calidad institucional propiamente dicha, como los de democracia, estado de derecho, percepción de corrupción, la foto es bastante peor, con posiciones que van de mitad de tabla para abajo en América Latina.
RA: Dicho todo eso sobre el frente político e institucional, pasemos a la economía. Porque lo paradójico del caso peruano es que, con toda esa inestabilidad, la economía ha seguido creciendo.
AV: Sí, tal cual. Eso es quizás lo más llamativo de Perú. En 2024 y 2025 la economía peruana creció en torno a 3,5% promedio anual, cifras que están entre las más altas de la región.
Si lo ponemos en perspectiva, es una tasa menor a la que tuvo Perú a comienzos de siglo, hasta 2013, que era superior al 5%, impulsada por los altos precios de materias primas y por un ciclo de inversión muy fuerte. Pero lo que hace especialmente notable este desempeño reciente es que se dio en paralelo a una inestabilidad política muy importante.
El país tuvo varios presidentes, crisis constitucionales y una enorme incertidumbre institucional, y la economía siguió funcionando. Eso dice algo sobre la solidez de ciertos pilares macroeconómicos del país y también sobre la naturaleza de su estructura productiva.
RA: Bueno a eso quería ir. ¿Cómo es esa estructura productiva peruana? ¿Qué produce y qué exporta Perú?
AV: Perú es, fundamentalmente, una economía exportadora de minerales. Las exportaciones de minerales y metales preciosos representaron más del 65% del total de las exportaciones en el promedio de los últimos cinco años.
Esto convierte a Perú en uno de los principales productores mundiales de cobre, compitiendo con Chile, y en un actor relevante en oro, zinc y plata.
Más allá de la minería, Perú tiene también un sector agroexportador dinámico, que ha crecido en los últimos años y diversifica algo la canasta, aunque sigue siendo secundario en términos de valor.
RA: Pasemos, Alejandro, a otro aspecto por el cual se destaca Perú. Me refiero a su Banco Central, porque en América Latina cuando se menciona al Banco Central de Reserva del Perú y a su presidente Julio Velarde, hay una imagen de institución sólida y respetada. ¿Cómo ha gestionado la política monetaria?
AV: Sí, el BCRP es uno de los activos más reconocidos de la institucionalidad peruana, y Julio Velarde es probablemente el banquero central más reputado de la región. Lleva al frente de la institución desde 2006, casi dos décadas, y ha sobrevivido a todos los cambios de gobierno, algo que en sí mismo dice mucho. Inversores y analistas reconocen que Velarde ha sido una pieza clave para la estabilidad de precios en Perú.
El banco opera con un esquema de metas de inflación desde 2002, con un objetivo puntual de 2% y un rango de tolerancia de entre 1% y 3%. Hasta el primer trimestre de este año la inflación estaba en línea con la meta. En los últimos meses, con el aumento de los precios del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente, la inflación aumentó y está en torno a 4%, pero las expectativas siguen ancladas a la meta.
El marco de política monetaria funciona bien y tiene credibilidad, y eso es un activo real para la economía peruana.
RA: Pasemos al frente fiscal. ¿Cómo está parado Perú en ese terreno?
AV: El frente fiscal está bastante ordenado. El déficit fiscal se ubicó al cierre de 2025 en algo más al 2% del PIB, y la proyección para 2026 es que se reduzca un poco más. Hay equilibrio primario, es decir, el gasto, sin contar intereses, es similar a los ingresos. Además, existe una regla fiscal, que topea el déficit y que actúa como ancla para las cuentas públicas.
En cuanto a la deuda pública, si bien es verdad que creció en la última década, se mantiene en niveles bajos para los estándares regionales, en torno al 30% del PIB. Además, está bien diversificada en monedas, una parte relevante está denominada en soles, lo que reduce la exposición al riesgo cambiario.
En este sentido, los mercados no parecen tener grandes preocupaciones al respecto. Recordemos que Perú tiene grado inversor por las principales agencias calificadoras, el riesgo país se mantiene en niveles bajos para la región, en torno a 110 pbs, consistente con una percepción de solidez macroeconómica del país, que contrasta con su inestabilidad política.
RA: Ahora, Alejandro, ¿cómo llega la estabilidad macro y el crecimiento de la actividad económica a la población? ¿Qué nos dicen los datos de empleo, pobreza e informalidad?
AV: Acá tenemos los puntos débiles de la economía peruana, que más contrastan con la narrativa de solidez macroeconómica y que probablemente explican también parte del descontento social que se expresa en las urnas con tanto voto disperso y con tanta desconfianza institucional.
Empecemos por la informalidad: el 70% de los trabajadores peruanos opera en la economía informal. Son 12 millones de personas, de un total de casi 18 millones de ocupados, que no tienen contrato formal, no acceden a seguridad social, no cobran beneficios laborales y están desprotegidos ante cualquier shock.
La pobreza se ubica en torno al 25% de la población, lo que equivale a unos 9 millones de personas. Es inferior respecto a años anteriores, pero sigue siendo alta y a su vez, aproximadamente un tercio de la población está cerca de la línea de pobreza, en lo que se denomina zona de vulnerabilidad, lo que significa que ante cualquier shock muchas de esas personas pueden caer en situación de pobreza.
El salario mínimo es de unos US$ 300, el salario promedio se ubica en algo menos de US$ 600 y el PIB per cápita ajustado por paridad de poderes de compra es uno de los más bajos de la región.
RA: Para cerrar Alejandro, ¿cómo ven las perspectivas económicas para Perú?
AV: Desde la perspectiva política, los analistas destacan que la fragmentación parlamentaria va a actuar como un contrapeso institucional importante. El Congreso está muy fragmentado, nadie va a tener mayoría propia, y eso acota el margen para reformas económicas radicales en cualquier sentido.
A su vez, Perú tiene una macroeconomía bien manejada y una inserción exportadora sólida que le permite crecer incluso con inestabilidad política. En general los analistas aguardan que Perú continúe creciendo a un buen ritmo. Pero ese crecimiento convive con niveles altos de pobreza, una informalidad estructural muy difícil de reducir y una distribución de los beneficios del crecimiento que sigue siendo muy desigual. Ese es el desafío central que le espera a quien resulte electo, y es un desafío que va bastante más allá de las disputas políticas que ocupan los titulares estos últimos días.















