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EMILIANO COTELO (EC): La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística publicó nuevos datos relativos a la pobreza en Uruguay. Por un lado, se actualizó el indicador de pobreza monetaria, que marcó que 16,6% de las personas en Uruguay no contaron en 2025 con ingresos suficientes para superar la línea de pobreza.
Por otro lado, también se publicaron nuevas cifras del índice de pobreza multidimensional, que marcaron que 18,7% de la población fue catalogada como pobre bajo este método el año pasado.
Para analizar estos datos, estamos en contacto en los próximos minutos con el economista Luciano Magnífico, gerente en Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Luciano, antes de pasar concretamente al análisis de los resultados, ¿te parece si empezamos repasando las diferencias que existen entre los dos indicadores que comentaba Emiliano recién?
LUCIANO MAGNÍFICO (LM): Sí, perfecto. A ver, lo primero que hay que entender es que estos métodos de medición de la pobreza persiguen objetivos diferentes y complementarios.
Por un lado, la pobreza monetaria se basa en el nivel de ingresos de los hogares y en particular, en si esos ingresos superan un umbral definido (la línea de pobreza).
Por otra parte, el Índice de Pobreza Multidimensional identifica carencias en un conjunto de dimensiones seleccionadas (educación, condiciones habitacionales, servicios básicos, protección social y empleo). Es decir, que mira la parte más estructural de la pobreza que tiene que ver con la existencia o ausencia de ciertas privaciones en los individuos, más allá de su ingreso.
Por esta razón, los resultados de ambas mediciones no son directamente comparables, dado que una persona puede no ser pobre en términos de ingresos pero sí enfrentar privaciones en otras áreas clave, o puede ser pobre en términos de ingresos y no enfrentar privaciones en aspectos más estructurales.
RA: Queda claro, Luciano. Vayamos ahora con el análisis de los datos de pobreza monetaria, ¿qué conclusiones sacaron ustedes en Exante al respecto?

LM: Como bien decía Emiliano al inicio, de acuerdo con la estimación puntual presentada por el INE para 2025, el 16,6% de la población uruguaya fue clasificada como pobre bajo el método monetario.
Eso implicó un registro algo inferior a la estimación puntual realizada por el INE para 2024, que había señalado una incidencia de la pobreza en personas de 17,3%.
De todos modos, es importante marcar que esa variación entra dentro del margen de error de las estimaciones, de ahí que los analistas estemos hablando en estos días de que no hubo cambios estadísticamente significativos de la pobreza monetaria entre 2024 y 2025, aun cuando el año pasado se obtuvo una estimación puntual inferior.
En cualquier caso, si consideramos una mirada más amplia, vale la pena recordar que tras el pico que se registró con la pandemia, la pobreza había venido en una tendencia bajista en los últimos años; por tanto, si bien no podemos afirmar que la pobreza haya tenido una caída estadísticamente significativa en el último año, sí la tuvo cuando comparamos con los máximos de 2020.
Lo otro que siempre es relevante cuando salen estos datos es observar qué sucedió con la pobreza a nivel de diferentes subgrupos poblacionales. En particular, la apertura por edad siempre se lleva bastante la atención.
RA: Nuevamente se confirmó que la pobreza en Uruguay tiene cara de niño, como se suele decir, ¿no? ¿Desde esta perspectiva por edad hubo algún cambio significativo o las variaciones también estuvieron dentro del margen de error?
LM: Respecto a la primera pregunta, la respuesta es que sí, la incidencia de la pobreza monetaria siguió siendo mucho más alta dentro de la población más joven.
En concreto y si consideramos los extremos de la distribución, mientras el 29% de los niños menores a 6 años son pobres por la medición del ingreso, apenas el 6% de la población de 65 años o más es clasificada de esa forma.
Respecto a la segunda parte de la pregunta, aunque todas las estimaciones puntuales de incidencia de la pobreza para 2025 fueron inferiores a las registradas para 2024, en ninguno de los casos se trató de variaciones estadísticamente significativas bajo los criterios estándar.
RA: Volviendo un paso para atrás, ¿qué ingresos debían superar los hogares para ser considerados como no pobres por este método?
LM: Como la comparación se hace a nivel del hogar pero la canasta se computa en términos per cápita, la respuesta a esa pregunta depende justamente del tamaño del hogar considerado. Además, también depende de si el hogar habita en Montevideo o en el Interior y de si el hogar es inquilino o propietario de su vivienda.
Por ejemplo, consideremos un hogar habitado por tres personas, si el hogar es del interior y es propietario de su vivienda, la línea de pobreza se estimó para el año pasado en unos $ 34.000. En el otro extremo, si ese hogar de tres personas viviera en Montevideo y fuera inquilino, el umbral a superar para ser considerado como no pobre hubiese sido de $ 54.000.
RA: Cada vez que analizamos el indicador de pobreza monetaria nos llegan algunos mensajes de la audiencia cuestionando el monto definido en la línea de referencia, ¿qué responderían ustedes?
LM: Es importante señalar que para construir esas referencias el INE sigue un procedimiento preestablecido.
En particular, para construir las canastas de consumo que permiten definir las líneas de pobreza e indigencia se deben considerar los hábitos de consumo de un grupo poblacional representativo de un nivel de bienestar de suficiencia (es decir, un grupo que no está en una situación de privación extrema pero tampoco se encuentra en una situación en la que no tiene ninguna privación).
Como decíamos antes, con esto se puede estimar la canasta de consumo per cápita y luego estimar la línea de pobreza correspondiente a cada hogar. Lógicamente, puede pasar que pequeños cambios en la estimación de estos umbrales generen que algunas personas pasen a ser consideradas como pobres (si el umbral aumenta) o dejen de ser consideradas como pobres (si el umbral se flexibiliza).
Otro aspecto a mencionar es que los resultados de este método no son comparables con otros países debido a que los umbrales de pobreza dependen de los hábitos de consumo particulares del hogar representativo de cada sitio. A su vez, también pueden existir diferencias por los ingresos que se consideran para hacer la comparación frente a los umbrales de pobreza.
RA: Y si salimos del método monetario y pasamos al indicador de pobreza multidimensional, ¿qué podemos destacar de estos nuevos datos?
LM: A ver, lo primero que hay que decir es que bajo este método el 18,7% de la población se encuentra en situación de pobreza multidimensional.
Eso supone una caída respecto a la estimación de 19,9% presentada para 2024, que tampoco es estadísticamente significativa bajo el criterio habitual.
Sobre este punto estuvo justamente la polémica de los últimos días, ya que el INE modificó la estimación de incidencia de la pobreza multidimensional para 2024, que pasó de 18,9% a 19,9%, debido a que había existido un error de procesamiento en los datos publicados el año pasado.
RA: Al principio de la charla comentaste al pasar las dimensiones que están incluidas en este indicador, ¿podemos repasar en cuáles de ellas tienden a observarse registros más altos de privación en la población uruguaya?
LM: Vale la pena hacer una precisión sobre este punto. El Índice de Pobreza Multidimensional contempla cinco dimensiones, que a su vez se componen de tres indicadores en cada caso. Por lo tanto, hay un total de 15 indicadores conformando el índice; si un hogar tiene 4 o más privaciones dentro de los 15 indicadores relevados, es caracterizado como pobre.
En ese sentido, los indicadores que presentan un porcentaje mayor de privaciones son los de años de escolarización (con un porcentaje de privación dentro de la población total de 48%), el de informalidad laboral (con una privación que alcanza al 29% de la población) y el de materialidad u otros problemas de la vivienda (con una incidencia de casi 17%).
RA: También al inicio habías comentado que no necesariamente las personas clasificadas como pobres por el método del ingreso tenían que ser también pobres por el método multidimensional y viceversa, ¿ustedes tienen estimaciones de qué tan solapados están ambos grupos?
LM: Sí, cuando se publican los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares, lo que también se hizo la semana pasada, en Exante solemos realizar ese tipo de análisis.
También algunos expertos sobre este tema han comentado en los últimos días los resultados de esas estimaciones.
En concreto, los números marcan que en 2025, el 9% de la población uruguaya era pobre de acuerdo con ambos métodos. Este porcentaje es el núcleo más duro de la pobreza, que presenta una serie de privaciones más estructurales junto con un ingreso que tampoco alcanza la línea de la pobreza.
Por su parte, un 9% de la población es pobre bajo el método multidimensional, pero es catalogado como no pobre por el método del ingreso. Esta porción de la población presenta privaciones estructurales, pero, sin embargo, presentan un ingreso que supera a la línea de la pobreza.
Luego, tenemos un 7% de la población que es pobre bajo el método monetario y no pobre bajo el método multidimensional. Es decir, que el individuo está privado en menos de 4 de los 15 indicadores de este índice, más allá de que su ingreso sea inferior al umbral definido.
Finalmente, el 74% de la población es caracterizada como no pobre bajo ambos métodos simultáneamente.
RA: Con todo lo que hablamos y ya para cerrar, una pregunta que ya es habitual en este tema. ¿Qué debería hacerse desde las políticas públicas para combatir la pobreza?
LM: Como hemos dicho otras veces en el programa, este es uno de los grandes debes del país y es parte de una discusión más amplia en donde juegan las preferencias políticas y las valoraciones personales para definir los instrumentos concretos.
Lo que es claro es que la pobreza tiene una parte estructural, que sí o sí debe ser tratada para atacar el problema y en el que el Índice de Pobreza Multidimensional resulta un insumo clave.
En esa línea, en términos de prioridades evidentemente tenemos temas de educación, informalidad y hacinamiento a resolver, que son los aspectos que reúnen el mayor porcentaje de privación en la población.
Si no se abordan esas y otras cuestiones y en forma contundente, es difícil pensar en que pueda haber una reducción estructural de la pobreza.
Lógicamente, la resolución de esos problemas también requiere que el país pueda retomar mayores tasas de crecimiento económico, que es un tema que solemos repetir bastante desde Exante.















