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La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Víctor Ganón, Juan Grompone y Martín Couto
Este miércoles fue un día histórico en Barcelona. La Sagrada Familia —la basílica que Antoni Gaudí empezó a diseñar hace casi siglo y medio— alcanzó por fin su altura definitiva: 172,5 metros, con la colocación de una cruz de casi cinco pisos y cien toneladas en la cima de la Torre de Jesucristo.
144 años de obras, guerras, problemas de financiación y generaciones de arquitectos que tuvieron que descifrar los planos destruidos de Gaudí.
Todo eso quedó atrás esta semana, cuando el papa León XIV encabezó una misa solemne y bendijo oficialmente el templo. Una inauguración que además coincide con el centenario de la muerte del propio Gaudí.
La Sagrada Familia es hoy el edificio religioso más alto del mundo, y su última torre es también un símbolo de los tiempos: acero inoxidable, corte de piedra por computadora y una cruz fabricada en Alemania y ensamblada en altura sobre la nave central de la basílica.
La Sagrada Familia es una obra emblemática y de sumo atractivo turístico, que desafió el tiempo, la política y la física.















