

Foto: AFP
EMILIANO COTELO (EC): La semana pasada, la calificadora Fitch Ratings mejoró la nota crediticia de Argentina, elevándola de CCC+ a B-, con perspectiva estable. La decisión fue recibida con entusiasmo en los mercados: los bonos soberanos subieron, el riesgo país cayó a la zona de los 500 puntos básicos y el gobierno la describió como "un umbral clave en los mercados financieros internacionales", que expande el universo de inversores habilitados para comprar deuda del país.
Pero más allá de la reacción de los mercados, hoy les proponemos salir del dato puntual y mirar un poco más en profundidad.
¿Qué tan sólidos son los fundamentos que llevaron a Fitch a tomar esta decisión? ¿Cómo está evolucionando la actividad económica? ¿Cuánto derrame ha habido en los empleos y los salarios? ¿Y qué perspectivas se manejan para los próximos meses?
Estamos en contacto con Alejandro Vallcorba, economista de Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Alejandro, empecemos por el comunicado de Fitch. ¿Qué argumentos usó la calificadora para justificar la mejora?
ALEJANDRO VALLCORBA (AV): Fitch puso el acento en tres elementos. Primero, la mejora en el frente fiscal. El gobierno logró consolidar un resultado fiscal positivo y las proyecciones son que se mantendría en los próximos años, algo que era un primer paso clave para la estabilización macroeconómica de Argentina.
El segundo punto que destaca es el avance en la acumulación de reservas internacionales. El BCRA viene comprando divisas diariamente de manera sostenida, acumulando más de 7.500 millones de dólares en lo que va del año, que supone un ritmo incluso mayor al que se habían planteado inicialmente; y se dio con el tipo de cambio bajando. Hoy el dólar cotiza 25% por debajo del techo de la banda, cuando hace algunos meses estaba prácticamente pegado a ese límite. Eso cambió bastante el tono del mercado.
También pesó el avance en reformas, la laboral, los cambios en minería y la atracción de inversiones vía RIGI (gran COMAP), y el hecho de que el gobierno logró estructurar un esquema de financiamiento que le permite afrontar los vencimientos de este año sin depender de los mercados externos.
Ahora bien, las advertencias que acompañan la mejora no son menores: las reservas netas siguen en terreno negativo, la inflación todavía es alta, y Argentina sigue expuesta a una reversión de confianza si el clima político o externo se complica.
RA: Bien. Alejandro, mencionabas recién el RIGI como método de atracción de inversiones, recordemos a los oyentes que RIGI refiere a “Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones”, y que todo lo vinculado a Vaca Muerta y al sector energético parece estar viviendo un momento excepcional. ¿Cómo está traccionando eso sobre la economía en general?
AV: Sí, Vaca Muerta está viviendo un momento realmente muy bueno. Argentina va a camino a producir más de un millón de barriles diarios de petróleo este año. Las proyecciones en un horizonte un poco más largo son muy ambiciosas. Con el RIGI traccionando inversiones, las exportaciones energéticas podrían cuadruplicarse en una década.
El agro también está mostrando un gran dinamismo, con un crecimiento de casi 18% interanual en los primeros meses del año, desde niveles ya altos en 2025. A su vez, el sector financiero también viene traccionando, apoyado en una expansión fuerte del crédito privado, que venía de niveles sumamente deprimidos.
Ahora, el problema es que esos sectores son muy intensivos en capital y en generación de divisas, pero no en mano de obra. Y cuando uno mira los sectores que emplean masivamente, como el comercio, la industria manufacturera o la construcción, el panorama es diametralmente distinto; estos sectores acumulan caídas su actividad en los primeros meses del año, desde niveles ya bajos en los años previos.
RA: En ese contexto, ¿cómo están viendo las perspectivas de crecimiento para este año?
AV: Con cautela. Las expectativas del mercado vienen siendo revisadas sistemáticamente a la baja. Pese a toda la mejora de las variables financieras que comentaba al inicio, la mediana de la encuesta pasó de proyectar un crecimiento del 3,5% a principio de año a 2,8% en la última medición. Además, el balance de riesgos parece tener cierto sesgo a la baja, porque una recuperación más extendida requiere que el consumo y el empleo se reactiven, y los indicadores disponibles todavía no confirman que eso esté ocurriendo.
RA: Volviendo a la caída de la actividad en los sectores que más emplean, ¿cómo se está traduciendo en el mercado de trabajo?
AV: El último dato disponible es del cuarto trimestre del año pasado y marca que la tasa de desempleo subió más de un punto porcentual frente a un año atrás y se ubicó en 7,5%.
Por el lado del empleo, los ocupados cayeron, pese a que la economía en su conjunto creció más de 2% interanual. El empleo asalariado, tanto registrado como informal, se contrajo, y lo que compensó parcialmente fue el crecimiento del trabajo por cuenta propia, que en general refleja situaciones de mayor precariedad laboral.
En definitiva, como decía antes, la mejora de la actividad se concentró en sectores que no demandan mucha mano de obra en los grandes centros urbanos, y eso explica por qué el mercado de trabajo no acompañó el crecimiento del PIB.
RA: ¿Y cómo está impactando todo eso en los salarios?
AV: La situación en ese frente también es compleja. La inflación está mostrando alta persistencia: en mayo fue 2,6% mensual, más de 30% anual y eso viene erosionando el poder adquisitivo de manera persistente. El sector público está todavía casi 20% por debajo en términos reales respecto de cuando asumió el gobierno actual y el privado recuperó algo más, pero igualmente se mantiene 7% abajo y con una caída importante en los meses recientes.
Las últimas paritarias (consejos de salarios) vienen acordando valores más altos, lo que apunta a una recomposición parcial, pero con inflación mensual en esos niveles la recuperación es necesariamente lenta… y a su vez, hay un factor estructural que no hay que perder de vista que es que cerca del 40% de los trabajadores están en la informalidad y sus ingresos no se rigen por las paritarias.
RA: Con ese marco de mercado laboral y salarios, ¿ven chances de que el consumo se recupere en algún momento del año?
AV: Es la gran pregunta, y hay visiones encontradas. El argumento optimista dice que, si la desinflación se consolida en la segunda mitad del año, con la inflación mensual perforando el 2%, los salarios formales con paritarias activas podrían recuperar poder de compra real y eso traccionar el consumo.
El argumento más cauteloso, y al que le doy más peso, es que los sectores del consumo masivo llevan muchos meses acumulando caídas desde niveles ya bajos, que el mercado laboral no está generando los puestos necesarios para dinamizar la demanda, y que, ese 40% de trabajadores informales que mencionaba antes, depende en gran medida del ritmo de baja de la inflación. Si la desinflación se demora o la inflación se estanca en torno al 2,5% mensual, ese grupo no tiene con qué compensar y el consumo difícilmente despegue con fuerza.
RA: Para cerrar Alejandro, en el debate argentino las elecciones siempre aparecen como un momento bisagra que atraviesa cualquier discusión. ¿Cómo lo están viendo en el contexto económico que describíamos hasta ahora?
AV: Sí, y en el caso argentino hay una dimensión que va más allá del ciclo político habitual, que es la restricción financiera que plantea el propio calendario de deuda. Las elecciones de 2027 coinciden con el año de mayor carga de vencimientos de deuda en moneda extranjera (unos US$ 30.000 millones, casi el doble que este año). Eso no es casualidad, es la consecuencia de que el gobierno optó por financiarse con instrumentos de corto plazo estos últimos meses. Es cierto que financiarse a plazos cortos implicó pagar menores tasa de interés (porque los mercados castigan la tasa si el plazo va más allá del período de esta administración), pero la contracara es que concentra presiones en los meses electorales, justo cuando la incertidumbre suele ser mayor.
Varios analistas argentinos ven una ventana de oportunidad en la segunda mitad de este año para que Argentina vuelva a los mercados a refinanciar a plazos más largos, antes de que la incertidumbre electoral empiece a pesar. Si eso ocurre, los vencimientos del año electoral serían bastante más manejables.
En definitiva, lo que logró Argentina en dos años es muy importante: bajar la inflación de 25% mensual a valores de un dígito, recomponer reservas, alcanzar superávit fiscal. El mercado lo está reconociendo y Fitch también. Pero esa consolidación todavía no tiene como correlato la posibilidad de financiarse a plazos largos y tampoco tiene el respaldo de un crecimiento más transversal. La pregunta que Argentina no terminó de responder es si el modelo puede pasar de la estabilización a un crecimiento más amplio e intensivo en empleo, que llegue a los sectores que hoy están al margen del boom exportador. Ahí está el desafío central de los próximos años.















